Amlo 2

Diciembre 23, 2013 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Andrés Manuel López Obrador, también conocido como Amlo, es un político mexicano perteneciente a la que puede llamarse ‘izquierda confusa’. Comenzó en el PRI, pero se decantó por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), disidencia izquierdista que capitaneó Cuauhtémoc Cárdenas. Su larga militancia en el PRD lo llevó a la Alcaldía de la ciudad de México, entre 2000 y 2005; gestión bastante regular, que se caracterizó por un aumento desconsiderado de la deuda del Distrito Federal. Fiel a su estilo zigzagueante, abandonó la Alcaldía para buscar la presidencia de México al mando de una coalición de fuerzas opositoras.Felipe Calderón lo derrotó en las urnas, pero el confuso Amlo se negó a aceptar el resultado. Durante muchas semanas propició la invasión de la plaza del Zócalo por sus simpatizantes: comenzó una multitud de un millón de personas, que poco a poco se fue disolviendo. Para las elecciones presidenciales de 2012 Amlo volvió a aspirar, esta vez al frente de otra coalición de partidos. De nuevo perdió con Enrique Peña Nieto y otra vez López Obrador armó el escándalo. Dos conclusiones se sacan de la biografía de Amlo: que es un navegante de muchas aguas políticas y que es un pésimo perdedor.La confusión y el corto circuito entre lo que se piensa y lo que se dice no son ajenos a las gentes de izquierda. Cuentan que Mao Zedong dijo, tras reunirse con Nixon y Kissinger: “Me gusta tratar con derechistas. Dicen lo que de verdad piensan, no como los izquierdistas, que dicen una cosa y quieren decir otra”. Y los de izquierda, con claras excepciones, no se caracterizan por ser buenos administradores públicos. Según José Saramago “la izquierda no tiene ni la más mísera idea del mundo en el que vive”. Por ello Héctor Abad Faciolince les da un consejo: “La izquierda no debe gobernar, sino soñar”.A Gustavo Petro se le dijo y se le advirtió que no creyera que su cargo le daba licencia para mal gobernar. Su paso de menos de dos años por la alcaldía de Bogotá ha sido una cadena de desaguisados, enfrentamientos, discusiones y, sobre todo, de grandes fallas de carácter administrativo. ¿Cómo ese vibrante parlamentario de ayer se convirtió en este disparatado alcalde de hoy? Según el principio de Peter, “todos llegan a su nivel de incompetencia”. Petro no debió nunca abandonar el recinto del Congreso, donde ejercía de exitoso fisgón.Nada desnuda más el talante democrático (o la falta de él) que las responsabilidades ejecutivas. Gustavo Petro ha demostrado pertenecer a esa cepa autoritarista que se expande por América Latina, constituida por políticos que utilizan los mecanismos democráticos para acceder al poder, pero que una vez asentados en él comienzan a atropellar y a tratar de imponer sus caprichos. Fueron elegidos pero se sienten ungidos. Casi un millar de funcionarios públicos han sido sancionados por la Procuraduría, pero ahora resulta que a Petro –un mal administrador y un pésimo perdedor– hay que respetarle a ultranza un supuesto blindaje político.Para utilizar el léxico tecnológico de moda: Petro se ha convertido en Amlo 2.

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