Agregar valor

Abril 01, 2013 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Curiosa la idea de ‘agregar valor’ que se ha tomado la cabeza de algunos funcionarios públicos. Cuando una comunidad pide el reparcheo de una calle, un escuadrón de funcionarios sale al paso de esta sencilla y lógica solicitud, exponiendo mil problemas de fondo y de forma que impiden -en criterio de ellos- la ejecución de la obra pedida por la gente. Hablan de que antes de cubrir los huecos es necesario contratar detallados estudios, reconstruir las redes de alcantarillado, revisar las conexiones de acueducto y gas domiciliario, chequear los permisos ambientales, examinar con lupa el Plan de Ordenamiento Territorial de la zona, etc., etc.Total: parece que estos funcionarios lo que desean es elevar y elevar el gasto para convertir un simple reparcheo -que es lo que pide la comunidad- en una gran obra pública. “Agregar valor”, lo llaman los expertos. Allí está el típico ejemplo de lo que sucedió con la ya interminable remodelación del barrio Granada. Algunos vecinos del sector pidieron hace años que se regularizara la zona pues el cambio en el uso del suelo era notorio. La gente quería delimitar el uso residencial del uso comercial, para seguir hacia adelante el desarrollo conjunto.“Entonces llegaron ellos”, como dice la canción de Serrat. Decidieron que las calles había que volverlas a pavimentar, con reposición completa del alcantarillado, reconstrucción total de los andenes, severa restricción al estacionamiento de vehículos y otras lindezas por el estilo. Una gran parte de los negocios establecidos en la zona tuvo que cerrar ante la demora casi indefinida de las obras. Hoy ni pueden vivir tranquilos los residentes del sector, ni los pequeños empresarios lograrán recuperarse del parón tan prolongado.A estos funcionarios que piensan así cabe preguntarles si cuando tienen que cambiar una teja en sus casas, tumban todo el techo para reponerla; o si cuando tienen que pintar una pared en sus domicilios, acometen de una vez el enlucimiento general de todo el inmueble. Los gestores públicos de mente faraónica critican y desprecian la llamada ‘microgerencia’. Pero ante unos recursos económicos siempre escasos, lo que se impone es su uso eficiente y ponderado. Que eso de ‘agregar valor’ lo dejen confinado en los textos en los que se educan los malos economistas.***El fundamento de la obligación tributaria se encuentra en el artículo 95 de la Constitución. En él se impone a los ciudadanos el deber de “contribuir al financiamiento de los gastos e inversiones del Estado dentro de conceptos de justicia y equidad”. No hay que pagar impuestos porque sí. Los gobernantes deben justificar el cobro y demostrar que es equitativo el gravamen. Nada mejor, entonces, que los avisos que esta Administración Municipal está colocando al lado de las nuevas vías y de los nuevos puentes, diciéndoles a los ciudadanos que “sus impuestos son obras”. Así el recaudo se optimiza, pues el contribuyente ve cuál es el destino de su esfuerzo. Por eso es que muchos visitantes han comenzado a alabar a Cali, como en las épocas en que esta ciudad fue un modelo.

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