A tomarse un tinto

Marzo 14, 2016 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Nadie puede negar que Horacio Serpa Uribe ha llenado muchos espacios de la política colombiana en los últimos veinticinco años. Se trata de un personaje controvertido, de quien muchos hablan bien y muchos hablan mal. Sin embargo, hace unas semanas sorprendió gratamente al país con un intento de reconciliación entre Juan Manuel Santos Calderón y Álvaro Uribe Vélez, los dos líderes que llevan seis años de pugnacidad y agrios enfrentamientos. Serpa se convirtió en vocero de doña Rosita, su esposa, quien de manera cálida invitó a los dos líderes en contienda a tomarse un tinto en su casa.Pero ocurrió un suceso que se convirtió en un claro ejemplo de falta de oportunidad y de tacto político. Tras más de veinte años de investigaciones que se calentaban y se enfriaban según las circunstancias, la Fiscalía resolvió ordenar la detención preventiva de Santiago Uribe Vélez, hermano del expresidente. Si después de veinte años de estar bajo la lupa de las autoridades no se había proferido ninguna medida cautelar contra Santiago Uribe, es forzoso concluir que no se trata de alguien que represente un peligro inminente para la sociedad. Y perfectamente la detención podría haber esperado un poco más. El uribismo explotó, siguiendo a su jefe. Las razones jurídicas tendrán que debatirse ante la Justicia. Santiago Uribe deberá gozar de las garantías constitucionales de rigor. Desconocemos las pruebas que ha recaudado el ente acusador, pero ya llegó la hora de que nuestro país ponga término claro y efectivo a las investigaciones penales; no es de recibo que un ciudadano se encuentre en investigación por más de veinte años, sin que se le defina su posición ante la Justicia. Y también ha llegado el momento de acabar con el nefasto carrusel de los testigos falsos.El bien superior de la nación exige en estos momentos que los dos líderes antagónicos encuentren la manera de pactar acuerdos de gobernabilidad. La última gran encuesta dada a conocer por los medios demuestra que Santos Calderón atraviesa por una etapa de muy baja popularidad y escaso arraigo entre los colombianos. Ningún gobernante con el apoyo de uno de cada cuatro de sus conciudadanos puede conducir con éxito un proceso de paz. Y un líder con tan precario respaldo no puede solventar los grandes problemas que, causados por las circunstancias y el mal gobierno de Santos se han abatido sobre Colombia.Por su parte, el expresidente Uribe Vélez debe entender que las cosas de su familia van por un camino y las del país por otro. La fuerza opositora del Centro Democrático tiene en estos momentos responsabilidades que superan la meta de controvertir al gobernante en ejercicio. Es el bien del país lo que está en juego. Por ello dos convergencias entre gobierno y oposición, ocurridas recientemente, generan esperanzas. En el seno del congreso la aprobación de la ley que fijo zonas de concentración para las Farc contó con los votos de la bancada del Centro Democrático. Y una propuesta del senador de ese partido Iván Duque, pidiendo la renuncia de los miembros de la CREG, recibió el respaldo pleno del Senado de la República.La coyuntura actual exige que las fuerzas políticas se entiendan, sin perder por ello sus características e ideologías. Vale la pena, entonces, que doña Rosita de Serpa insista en su invitación a que Santos y Uribe por fin se tomen un tinto.

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