Ya no hay próceres

Mayo 12, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

En el remoto pasado, cuando había partidos políticos fuertes y con dirigentes con músculo electoral, al presentarse cambio de gabinete -“caras nuevas en los carros oficiales”, decía López Pumarejo- el presidente conformaba su equipo y generalmente echaba mano de las figuras más representativas de las colectividades, o de su propio partido si el régimen era hegemónico. Por eso aparecían en Palacio próceres de la alcurnia de Darío Echandía, de Antonio Rocha, de Carlos Lozano, liberales, o Rodrigo Marín, Cástor Jaramillo Arrubla, Hernán Jaramillo Ocampo, conservadores.La gente recibía con beneplácito el decreto ministerial pues los que allí figuraban eran auténticos voceros de las ideas imperantes, y todos tan contentos.Como los partidos se debilitaron, ya no hay fórmula para que el presidente designe ministros con categoría de próceres, y por eso tiene que acudir a personas competentes pero sin reconocimiento popular, y muchos colombianos, perversamente, las califican de petardos, pasándole al primer mandatario la cuenta, y este no puede hacer nada para complacer a los descontentos.A raíz del nombramiento de siete nuevos ministros se armó tremenda furrusca porque nadie quedó contento, y el espectáculo que han dado algunos dirigentes es francamente lamentable pues todo obedece a un exaltado anhelo burocrático, y yo, que algo sé del tejemaneje político, no entiendo la rabieta de mi admirado Horacio Serpa, cuando el partido cuenta con ministerios de la mayor importancia, además de los directores de Planeación Nacional, y del Posconflicto, que son en su orden el hijo de César Gaviria y último candidato presidencial del liberalismo.Horacio Serpa amenaza con la salida del partido, no del Gobierno, sino de la Unidad Nacional, circunstancia para mí incomprensible pues o estamos  con el Gobierno o nos vamos a la oposición, que sería el absurdo de los absurdos, porque es endeble el argumento de que la cuota roja ministerial es mezquina, pues si bien es cierto que Santos debe buena parte de su reelección al liberalismo, también es cierto que la colectividad está viva gracias a él, quien la sacó de los cuidados intensivos a los que la envió Uribe, en su intento por borrarla de la faz de la Tierra  en los ocho años de su régimen, cuando el partido atravesó el desierto. El oasis apareció con Santos, que  ha hecho un Gobierno de corte liberal y le ha dado las vitaminas suficientes para que aspire a la Presidencia en 2018.En cuanto a la terna para la elección del Fiscal General, ahí está Yesid Reyes Alvarado, que es liberal y que de todos los ternados es el mejor conocedor de las leyes penales, a las que es totalmente ajeno Néstor Humberto Martínez que allí aparece para complacer a Germán Vargas Lleras. Que la Corte Suprema escoja a Reyes es otro asunto, pero el presidente cumplió con poner un copartidario de Serpa en el juego por el codiciado cargo.Me parece que caemos en el ridículo los liberales haciéndole berrinche al Presidente por unos cambios en la nómina, cuando hay tantas cosas de presente y de futuro que deben ocupar las mentes de los jefes liberales, entre otras, organizar el partido para que pueda presentar en la contienda de 2018 a un candidato suyo con posibilidades de triunfo.Ojalá el VII Congreso Liberal que se reúne el sábado próximo obre con sensatez, apoyando a Santos y el proceso de paz, de cuyo éxito depende el futuro de Colombia.

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