Voto preferente

Mayo 12, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

En Cali se critica con acerbía el perverso sistema de las microempresas electorales, manejadas principalmente por algunos concejales de la ciudad, y que consiste, sencillamente, en que cada uno de esos ediles mantiene y sostiene un grupo que medra a su alrededor, al que se dispensan puestos y otras arandelas que hacen surgir compromisos que se cancelan en cada elección.De allí que la gente se sorprenda que en un municipio de más de dos millones de habitantes, un concejal resulte elegido por escasos cinco mil electores, que se asoman a las urnas para votar por el benefactor en todos los comicios.Desde luego, a mí me parecen héroes unos ciudadanos que son capaces de mantener en el aprisco esas cinco mil reses comiciales, sin que se presenten deserciones. Son los mismos cinco mil cada vez que la Registraduría llama a votación para la corporación edilicia. Reúna usted, amigo lector, cinco mil sujetos y trate de tenerlos a su disposición cada cuatro años y verá que fracasa en el intento.A mí me parecen unos apóstoles de la democracia esos dirigentes que uno los ve sin las charreteras de los grandes líderes y, sin embargo, ahí están, con su ejército de cinco mil combatientes, algo así como los 300 espartanos que se fajaron en las Termópilas. Tranquilos, serenos, ellos no se inmutan con la presencia de otros aspirantes porque saben que éstos, novatos, no cuentan con esos cinco mil votos que los hacen concejales una y otra vez.Por eso, en lugar de denostarlos y cargarlos de epítetos: manzanillos, compradores de votos, corsarios de la política, yo los admiro con la admiración que me causan los que hacen algo que yo jamás podría hacer, como admiro a los trapecistas en el circo, o a los toreros, hazañas para intrépidos que a mí me dejan estupefacto.Alguien me dice que eso que se ve en Cali es atroz, que cómo es esa vaina que un tipo común y corriente llegue al Concejo con cinco mil votos y que otros próceres reconocidos del civismo y académicos de prestigio queden tendidos en la arena siempre que pretenden llegar a la sede del Concejo por la vía electoral.A esos soberbios críticos, les respondo que la culpa está en la Asamblea Constituyente de 1991 que resolvió, en un instante de locura colectiva, acabar con los partidos tradicionales, el Conservador y el Liberal, con el sórdido invento del voto preferente, con el que ya la gente no vota por la lista de su partido, sino que tiene que escoger en el cubículo un número que corresponda al nombre del gamonal, y es allí donde aparecen los tales cinco mil electores que sacan concejal a quien ha logrado aquerenciarlos en los últimos cuatro años. Tan simple como eso.Pero no se crea que esa atrocidad ocurre únicamente en Cali, porque el funesto voto preferente rige para todo el país, y me dice el jefe de mi partido que fue imposible hacerlo desaparecer en la reforma política que se tramitó en el Congreso, pues los primeros en oponerse fueron los parlamentarios que también aprovechan sus capillas electorales para hacerse elegir cuando hay elecciones para Cámara y Senado.Así que si no queremos concejales de cinco mil votos, hay que acabar con el voto preferente que es la total corrupción del ejercicio político, por lo demás consubstancial con la democracia. Naturalmente, los que quieran que las cosas cambien tienen que meterse en la política y no hablar basura en los clubes sociales.

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