Viejo feliz

Agosto 01, 2013 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

No me inmutan los comentarios que a mis columnas hacen los que se llaman ‘foristas’ porque ellos no aportan ninguna idea, ni controvierten una tesis, ni fijan una posición política: es el insulto por el insulto, redactado en un castellano que da grima pues se ve que la mayoría tiene cuentas pendientes con la escuela primaria, y que su C.I. está en déficit. Los periódicos no son solidarios con sus colaboradores pues si lo fuesen no permitirían esa agresión verbal a la que son sometidos, simplemente por expresar sus opiniones, con las cuales se puede o no estar de acuerdo, sin necesidad de ofender al autor. Eso es propio de una sociedad con fallas de comportamiento, y por eso no me impresionan los dardos que envían mis fieles y desocupados ‘foristas’.Comparo, tomando únicamente este diario, los insultos que recibo con los que llegan a otros columnistas, y hallo una coincidencia: son siempre los mismos sujetos, que también escriben a El País para que los domingos salgan sus sesudas observaciones. Ahora que hay subsidio para todo, el Estado debe crear un medio para que allí publiquen estos opinadores todo lo que quieran, sin talanqueras. Puedo ayudar a escoger el director, el subdirector y toda la planta de redacción.A mí me dicen de todo. Pero la locución más usada por mis censores es ‘viejo’, a la que a veces añaden ‘dinosaurio’. Y allí sí que ‘tacan burro’ pues la única voz que no me ofende es esa. No solamente porque mi edad me sitúa en esa categoría impuesta por la vida, sino porque me siento feliz pues con los años que tengo, he alcanzado la mejor etapa de mi existencia.Esa longevidad me ha permitido ser testigo de los más importantes acontecimientos del mundo y de Colombia: guerras, descubrimientos, avances tecnológicos, aparición de medicamentos que curan enfermedades que en mi juventud llevaban a la muerte, la televisión, el celular, el computador, en fin, un mundo que parece extraído de la fantasía y que me ha tocado presenciar como espectador asombrado.El motivo de cumplir 60 años del grado de bachillerato del Gimnasio Moderno, impulsó a uno de los condiscípulos a buscar los sobrevivientes y logró localizar a ocho, que nos reunimos en Cartagena a celebrar la efeméride. José Pablo Uricoechea, Mauricio Glauser, Fernando Toro, Esteban Mezey, Julián Jaramillo, Jorge Michelsen, Carlos Escobar y este escriba nos dimos cita en La Heroica y luego fuimos tres días a Punta Iguana, precioso club privado a una hora por carretera.Todos los concurrentes somos contemporáneos y mostramos que ya no parecemos los muchachos de la escuela fundada por don Agustín Nieto Caballero. Quiere decir que estamos viejos, pero revelamos la alegría de haber tenido la fortuna de ser educados con los métodos traídos de Europa por don Agustín.Regresé feliz de haberme reencontrado con los compañeros pues revivimos los episodios que nos marcaron: las excursiones que el colegio hacía y que nos permitieron conocer a Colombia. La biblioteca en la que leí obras que despertaron mi pasión por la literatura. La disciplina sin castigos que nos infundieron.De Cartagena salió fortalecido mi espíritu gimnasiano y supe de nuevo lo que es estar cerca de los verdaderos camaradas pues las amistades del bachillerato son más sólidas que las de la universidad. Así que me cae de perlas que los foristas me llamen “viejo”. Los soy y me siento orgulloso de serlo.

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