Uribe-dependencia

Agosto 30, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

En Colombia, Simón Bolívar incluido, no ha habido más de diez presidentes que realmente merezcan figurar en la galería de los mejores. Para no meterme en honduras, no mencionaré a los conservadores y me limitaré a los liberales, entre los que destacaron el general Tomás Cipriano de Mosquera, los cuatro presidentes de los gobiernos liberales de 1930 a 1946, Enrique Olaya Herrera, Alfonso López Pumarejo, Eduardo Santos y Alberto Lleras Camargo. En el Frente Nacional, sube al podio como par de López Pumarejo por su espíritu transformador, Carlos Lleras Restrepo, el más completo estadista de nuestra existencia republicana.Hoy, Juan Manuel Santos puede catalogarse como buen jefe del Estado, entre otras razones porque nadie como él hizo el curso para llegar a la Presidencia con ese bagaje académico y político para desempeñar el cargo competentemente. Ministro destacado de varias carteras, designado a la Presidencia en el gobierno de César Gaviria, conocedor profundo del negocio cafetero, cuando esa actividad era la que producía las mayores divisas de exportación. Con diplomas de las mejores universidades norteamericanas, que le permiten hablar fluidamente el inglés y que lo vuelve de fácil interlocución en los foros internacionales, creo que no ha habido aquí alguien con mejores títulos para acceder al poder.Persona de buena educación, como corresponde a un miembro de familia tan respetable como la suya, que está metida en la historia de la política y del periodismo, Juan Manuel Santos posee ánimo conciliador que le permite no salirse de casillas y afrontar los gravísimos problemas del país con espíritu sereno y pretendiendo no casar peleas inútiles en el interior y reyertas estériles con el vecindario.Eso que le endilgan los uribistas del deterioro del orden público, no es de su exclusiva responsabilidad, porque ya desde los dos últimos años de la era Uribe, la guerrilla cambió de estrategia y por eso son más notorias sus perversas acciones. Sin embargo, Santos muestra óptimos resultados en esa lucha por los contundentes golpes que ha asestado a importantes jefes insurgentes, unos dados de baja y otros capturados y judicializados.Lo que sucede para decirlo en buen romance es que aquí se sembró la tonta idea de que sin Álvaro Uribe en el gobierno, el país entraba en barrena hacia el vacío. En estos días le pregunté a uno de mis mejores amigos, cerrero furibista, cómo hizo la pobre Colombia para sobrevivir más de 200 años sin ese ángel salvador y, como siempre, me salió con la historieta de que todo fue penumbra hasta la llegada del mesías antioqueño. Y a mi humilde pregunta de qué vamos a hacer en el futuro sin la posibilidad de que Uribe regrese a la Casa de Nariño, argumentó que sobrevendría el más horrendo caos, y que el pueblo tendrá que buscar el medio, así sea inconstitucional, para que el fiel marido de doña Lina y el amoroso padre de los exitosos empresarios Tomás y Jerónimo, asuma el mando y domine el potro desbocado en que se convirtió nuestro lindo país colombiano.Yo les pediría a las personas que leen esta columna, muchas coincidentes con lo sostenido por mi amigo, que salgan de ese estado psicológico de la uribe-dependencia, y que todos permitamos que Santos pueda gobernar con una oposición vigilante pero menos hirsuta como la que le ha montado el expresidente, que solo conduce a sembrar más odio en una nación tan necesitada de paz.

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