‘Una historia tenebrosa’

‘Una historia tenebrosa’

Abril 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Así se titula el libro de Adelina Covo, que narra con todos los detalles lo que ocurrió el 15 de octubre de 1914, cuando dos oscuros sujetos, Leovigildo Galarza y Jesús Carvajal, a plena luz del día, en el andén oriental del Capitolio Nacional asesinaron a golpes de hachuelas al doctor y general Rafael Uribe Uribe.Adelina Covo se ha dedicado a rastrear los acontecimientos siniestros de nuestra sangrienta historia, y ha logrado publicar obras importantes como ‘El Chocorazo’ y ‘El fraude de Reyes en 1904’, que fue la primera gran trampa en una elección presidencial del Siglo XX.Magistrada y presidenta del Consejo Nacional Electoral; directora nacional del Instituto de Bienestar Familiar; viceministra de la Juventud en el Ministerio de Educación Nacional; catedrática de la Universidad del Rosario en Bogotá; concejal por dos periodos en Cartagena; y directora de la Fundación Mamonal, que agrupa las empresas del complejo petroquímico más grande de América Latina. Actualmente escribe semanalmente en Las2Orillas.co.El libro del que ahora me ocupo debe ser de obligada lectura para los liberales colombianos pues allí está consignada buena parte de la persecución de la que ha sido víctima el Partido, en diversas épocas de la política nacional.He leído, por supuesto, casi todo lo que se ha escrito sobre la vida y la muerte de Rafael Uribe Uribe, cuya imagen permanece en mi memoria pues la abuela paterna -prima hermana del mártir- tenía en su casa tulueña una preciosa foto en la que Uribe mostraba su perfil procero, y otra de la mascarilla que le tomaron tan pronto se produjo el fallecimiento, luego de la larga agonía en su propia residencia, a donde fue conducido con el cráneo destrozado. El sufrimiento fue tremendo pues hace un siglo no había los analgésicos de hoy, ni hubo posibilidad quirúrgica alguna.Lo que despierta admiración en el libro de Adelina Covo, es que señala con nombres propios a quienes contrataron con un año de antelación a los dos sicarios que asesinaron a Uribe. Dos oficiales de la Policía, el general Pedro León Acosta y el coronel Salomón Correal, se encargaron de garantizar que a Galarza y Carvajal no los alcanzara la acción vengadora de los amigos de la víctima. Y cuatro sacerdotes jesuitas dirigieron no solamente el crimen sino la parodia de juicio que se siguió a los malhechores, en el que se llegó al extremo de detener al penalista Marco Tulio Anzola Samper a quien la familia de Uribe apoderó como acusador.Los criminales gozaron de todos los privilegios y vivieron cómodamente en el Panóptico bogotano, en donde hoy está el Museo Nacional.El que sale peor librado es el Ilustrísimo arzobispo de Bogotá Bernardo Herrera Restrepo, quien según la autora fue el que manejó los hilos del crimen, pues Uribe se perfilaba como seguro sucesor del presidente José Vicente Concha, y eso para el Venerable era un atentado contra la Iglesia, que en esa época era, a través de Herrera, la que indicaba el nombre del conservador que debía ocupar la Presidencia de la República.El asunto de la nominación del candidato era tan serio que muerto Herrera Restrepo lo sucedió como arzobispo monseñor Ismael Perdomo quien, en la división conservadora de 1930 entre Guillermo Valencia y Alfredo Vásquez Cobo, no quiso tomar partido y se negó a señalar el candidato de su agrado. Eso dio lugar al triunfo liberal de ese año con Enrique Olaya Herrera.

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