Todo está podrido

Todo está podrido

Diciembre 27, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Hamlet, a mi juicio el más grande de los personajes creados por la fértil imaginación de William Shakespeare, viendo la corrupción que campeaba en su patria dijo una frase que ha hecho carrera: “Hay algo podrido en Dinamarca”, en la que toda la corte conspiraba contra el monarca, padre de Hamlet, hasta que lograron asesinarlo.Pero el príncipe danés tenía la esperanza de que no todo en el reino estaba podrido, sino solamente “algo”. Los colombianos, desgraciados de nosotros, no tenemos el privilegio de que ‘algo’ está podrido, porque todo está podrido, y no tenemos un Hamlet que le susurre al oído de Ofelia, su amada, la horrenda podredumbre que nos circunda.Es duro tener que aceptar esa realidad, pero es que ya no queda sector del país en que no se sienta la garra de los corruptos y la de quienes no tienen otra aspiración que la de ‘tirarse’ lo que a los trancazos hemos construido en 202 años de vida independiente.No hay en el mundo, salvo en Colombia, unos funcionarios que de buenas a primeras resuelvan suspender el servicio público de la Justicia, sin que pase nada. O será tan inútil ese servicio que la gente apenas percibe que los despachos judiciales y los de la Fiscalía se encuentran cerrados hace más de dos meses, y ahora anuncian sus líderes que levantan el paro para recibir las primas decembrinas, pero que volverán a parar el 21 de enero, cuando concluyan las vacaciones judiciales. Afortunadamente, yo resolví dejar de litigar pues cada vez veía un deterioro mayor en ese servicio esencial que hace casi imposible el ejercicio profesional. Soy feliz de no tener que frecuentar los despachos para ver la forma molondra con la que se manejan.No es posible que los entes de control no se hayan dado cuenta de lo que se venía encima con los perversos manejos que sus directivos dieron al grupo Interbolsa. La vinculación a esa empresa de varios exfuncionarios oficiales hace dudosa la observación que se ha debido poner a las operaciones bursátiles de los ‘aviones’ que captaban dineros ajenos para utilizarlos en sus propios negocios.Ese ‘carrusel’ de la contratación en Bogotá trasciende todos los límites, no ya solamente de la decencia sino de las normas del Código Penal. No cabe en la cabeza que unos afortunados jóvenes -los señores Nule- se asociaran con otros afortunados jóvenes -los hermanos Moreno Rojas- para entrar a saco en las arcas bogotanas y obtener pingües réditos a costa del tesoro público, en operaciones craneadas por otros sujetos, los intermediarios, que llenaron sus faltriqueras con los recursos provenientes de los impuestos que para las obras de Transmilenio pagaron los capitalinos.Para no hablar del ente encargado de la función electoral. Lo que sucedió en el Valle en repetidas elecciones, clama al Cielo. Registradurías paralelas, trampa en los registros, alteración de las actas de los jurados, y un largo etcétera hace que la democracia se deslegitime pues la juventud no saldrá nunca a votar porque sabe que aquí todo termina en fraude.No me alcanza el espacio para referirme a otras podredumbres criollas. Pero con las anotadas atrás, podemos decir en castellano y no en inglés -Hamlet decía sus parlamentos en esta última lengua- que aquí no hay algo podrido sino que todo despide un olor nauseabundo de cloaca, que nos conducirá al abismo pues un país presa de la corrupción, no es viable.

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