Suicidio de la razón

Septiembre 10, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Admitamos que los asuntos turbios que hubo en el gobierno de Álvaro Uribe fueron inventos de unos necios que no entendieron la grandeza de esa administración que tanto bien le hizo a Colombia.Entonces supongamos que todo lo sucedido en esos ocho años fueron “vainas de la política, ala”, como dicen los bogotanos, y que son prácticas generalmente aceptadas en este país. Lo que a mí me preocupa de la conducta del expresidente es que su odio visceral por el presidente Santos lo haya endosado a muchos colombianos que entraron en esa misma onda rabiosa, especialmente las señoras de estrato seis que lo adoran y detestan a Santos.Lo anterior es muy grave porque el Presidente representa la unidad nacional y debe contar con el respaldo de sus compatriotas para sacar adelante no solo el proceso de paz en La Habana sino también para solucionar el diferendo con Venezuela, cada día más enconado por cuenta del vesánico mandatario del país vecino.Naturalmente que sería ‘chévere’ que el presidente Santos montado en una tanqueta parqueada en la mitad del puente “Simón Bolívar” en Cúcuta, con el mismo megáfono que usó Uribe frente al consulado venezolano en Bogotá, le gritara a Maduro: “vení te doy en el hocico, chamo marica”. Ahí sí los periodistas y los voceros de la oposición que despotrican por la falta de “berraquera” de Santos, lo alabarían. Ahí sí los espacios noticiosos de RCN Televisión con la sanguínea Gurisatti exaltarían al Presidente como el gran líder de la patria. Ahí sí todos estos gallardos ‘sietemachos’ estarían felices esperando que todas las fuerzas armadas –Ejército, Armada, Aviación y Policía– se dirijan a la frontera oriental –nuestro “far east”- para enfrentar al sátrapa bolivariano. Clint Eastwood puede filmar una magnífica película de guerra en la que pueden actuar los corajudos del Centro Democrático.Pero la cosa no es así de fácil. El senador Uribe y cualquier ciudadano pueden lanzar en Do sostenido mayor la andanada que quieran contra Nicolás Maduro. Santos no puede hacerlo, no solamente por la personalidad tan diferente a la de los bravucones, sino porque suya es la inmensa responsabilidad que tiene como presidente de la República, que lo obliga a no poner en peligro no solo a los cinco millones de colombianos que viven en Venezuela sino a los cuarenta y siete millones que hay en nuestro territorio.Además, hay que tener en cuenta que no es lo mismo una diatriba contra un político sensato que contra un insensato como Maduro, que en un ataque de soberbia es capaz de ordenar que se suelte una bomba sobre el complejo petrolero de Barrancabermeja. Y entonces, ¿en ese instante qué dirían los furibundos críticos de Santos? ¿Tomarían todos los fusiles y el equipo de campaña para marchar sobre Venezuela a los acordes marciales del Himno Nacional?No veo a ninguno –muchos de ellos conocidos míos– entonando la lacrimosa canción de Daniel Santos, despidiéndose de sus amigos porque pronto se irán para la guerra. No veo a ninguno cruzando el río Táchira. Que a Venezuela vayan otros. Buen primor.Creo que ha llegado la hora de la valeriana. No se debe envenenar a Colombia más de lo que está pues no hay suficiente provisión de suero antiofídico. Calma, por favor, calma. Paz en el interior pero también paz en la frontera, obtenida por la vía diplomática. Lo otro sería “el suicidio de la razón”, como cantó Vicente Huidobro, el poeta chileno.

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