Solidaridad nacional

Mayo 31, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Puedo decir, sin temor a equivocarme, que esta es una de las épocas más difíciles que haya vivido Colombia. Es cierto que la economía crece, es cierto que los niveles de pobreza han descendido, es cierto que la tasa de desempleo ha bajado, es cierto que la inversión extranjera es grande, pero si bien todas estas cosas son positivas, hay un clima de violencia exacerbado pues las fuerzas delincuenciales parecieran que se han unido en sus proditorios fines, entre ellos la desestabilización del país.Tengo aprecio por Fernando Londoño Hoyos a pesar de que ambos militamos en polos opuestos de la política. Lo conocí en los comienzos de su carrera de abogado cuando varios empresarios agropecuarios afiliados a la SAG, de la que yo era director ejecutivo, lo contrataron para demandar las resoluciones del Incora que afectaban predios adecuadamente explotados, como fue el caso increíble de la finca del doctor Camilo Molina Ossa en El Cerrito. Londoño entonces tenía 27 años y ya era jurista de alto coturno.Años después intervinimos ambos, él como litigante y yo como árbitro en un tribunal en la Cámara de Comercio de Cali, y allí pude ver, una vez más, su versación en el campo del derecho. Luego observé su capacidad dialéctica cuando desempeñó el Ministerio del Interior y de Justicia, en donde fue el más efectivo lugarteniente de Álvaro Uribe en su primera presidencia. Orador magnífico, hace gala cuando habla de una cultura universal que me lleva a creer que es una de las personas mejor formadas intelectualmente que yo haya conocido.Su posición política de la más exquisita derecha hace que tenga resistencia en algunos sectores de la opinión nacional. Pero el cobarde atentado del que fue víctima en Bogotá lleva a pensar que algo grave, muy grave, está sucediendo en Colombia, cuando se pretende silenciar con una bomba una voz recia como la suya. Nunca estoy de acuerdo con lo que dice Londoño en su radioperiódico, pero me duele que provoque una reacción criminal como la que casi le cuesta la vida.Colombia debe cerrar filas alrededor del Gobierno, que está combatiendo con la fuerza pública todas estas manifestaciones de violencia. Cualquier discrepancia política debe ceder ante el supremo interés nacional, y un personaje como Álvaro Uribe debe apoyar al presidente Santos y no volverse un crítico amargo de todo lo que hace o dice la Administración.Uribe no es un ciudadano cualquiera. Es un expresidente de la República con inmenso ascendiente sobre un vasto sector de la población, que lo reconoce como líder indiscutible.Debe asumir ese liderazgo y convertirse en uno de los baluartes para que con un gobierno fortalecido pueda Santos tener un manejo más enérgico en este conflicto que a todos nos afecta.Uribe tiene puesto en la historia. Hágale honor a ese nicho de privilegio que sus compatriotas le abrieron, y ofrezca sabios consejos en vez de proferir insultos. El país le agradecerá ese gesto pues así tendríamos una Colombia que vislumbre la paz y no la guerra.Los colombianos de buena voluntad debemos ser solidarios en esta hora gris de la patria. Quienes tenemos cualquier influjo sobre la opinión estamos en la obligación de colaborar para que el gran propósito nacional sea el de lograr una paz duradera para que la gente que viene detrás pueda tener una vida mejor que aquellos que sólo hemos escuchado el estruendo de la violencia por más de medio siglo.

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