Si yo pudiera decirle

Septiembre 13, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Me gustaría encontrarme con el expresidente Álvaro Uribe para decirle que los colombianos le guardamos gratitud pues fue él quien con base en lo que hizo Andrés Pastrana para fortalecer las Fuerzas Armadas, pudo darles certeros golpes a las Farc, que son, precisamente, los que ahora las tienen pensando en sentarse con el gobierno de Juan Manuel Santos a explorar senderos de paz que conduzcan a que, por fin, tengamos un suelo amable para vivir y no este campo de exterminio sobre el que hemos padecido más de 50 años, pues la violencia no empezó con el surgimiento de las guerrillas sino en 1947, por razones que no voy a tratar en este artículo.El pueblo colombiano ha sufrido un conflicto interior que comenzó en 1964, sin un minuto de interrupción, pues los intentos fallidos de los presidentes Betancur, Barco, Gaviria, Samper y Pastrana fueron paños de agua tibia que exacerbaron a las Farc. Usted, doctor Uribe, fue más allá e inició un combate serio contra ese grupo de bandidos, y les asestó golpes duros, como la baja de ‘Raúl Reyes’ en Ecuador y el rescate de Ingrid Betancourt y varios de sus compañeros de cautiverio.Pero, con todo y lo que usted alcanzó, la victoria final se le mostró esquiva y ahí siguieron las Farc con su proyecto criminal, y no es de recibo alegar que le faltó tiempo pues en su último año de gobierno la cosa se puso fea y comenzó un repunte severo de las acciones insurgentes, ya sin Juan Manuel Santos al frente de la cartera de Defensa.En vista de que lograr la paz a la brava, que es como a usted le gusta, o por mejor decir, a fusil tendido, como afirman sus conmilitones de la extrema derecha, es imposible pues ya se ha comprobado que mientras haya más supertukanos y más artillería de tierra y aire, y más escuadrones móviles y poderosos batallones de alta montaña, ahí siguen haciendo daño ‘Timochenko’ y sus malandrines quienes creen que con ellos en el poder esta sería una Arcadia feliz en la que no habría necesidades insatisfechas, y por eso continúan en el monte matando zancudos, pero también matando militares, policías y civiles.Por fortuna, un hombre ponderado, de corazón sereno y mente analítica, de sangre fría como la que corría por las venas de Alberto Lleras, que según Federico García Lorca cuando lo conoció en Madrid era de culebra, tuvo la buena ocurrencia de intentar un acercamiento con la temible guerrilla para ver si es posible lograr una aproximación que dé principio a unos encuentros en el exterior, en los que se tocarán puntos precisos, con término corto, con informes serios sobre avances o retrocesos, en fin, un ensayo que de concluir bien pondrá a Colombia en la autopista del progreso, porque sin paz lo único que hay es desolación y pobreza.Y cuanto más necesitamos de sus luces, sale usted como el Sigfrido wagneriano, tan amado por Hitler, a meterle palos en la rueda de una carreta que todavía tiene los ejes sin grasa como la de Atahualpa Yupanqui, y trina todo el día insultos a Santos y descalifica las exploraciones que no se han iniciado, creando una atmósfera de escepticismo, cuando requerimos que todos los colombianos estemos al lado del presidente Santos apoyándolo en ese proyecto de paz que, si se frustra, nos traerá otro medio siglo de dolor y muerte.Apostémosle, entonces, al proyecto presidencial. Si sale adelante, qué bueno para la patria, que usted jura tanto amar.

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