Se acabó el cuento

Noviembre 17, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Desde el mismo 7 de agosto de 2010, fecha en la que Juan Manuel Santos tomó posesión de la Presidencia de la República y en cuyo discurso inaugural dejó sentado que él y sólo él es el jefe del Estado, el señor Álvaro Uribe Vélez y sus áulicos empezaron una campaña cargada de ponzoña contra el nuevo mandatario.Como todavía tenían derecho al pataleo, lograron que Santos, que había pensado en Germán Vargas Lleras para ministro de Defensa, optara por Rodrigo Rivera para ese cargo, pues Uribe, por boca de Pacho Santos, gritó que Vargas no era garantía de protección ni para él ni para Uribe, habida cuenta de que Vargas se opuso a la reelección tramposa que, aprobada por el Congreso, naufragó en la Corte Constitucional, para bien de Colombia y de la democracia.Enseguida la emprendieron contra el almirante Édgar Cely, designado comandante general de las Fuerzas Armadas, con el argumento de que un soldado del Ejército no le marcha a un grumete de la Armada. Lo cierto es que bajo el mando de Cely se produjo la muerte del ‘Mono Jojoy’, el más terrible de los bandidos de las Farc.A pesar de este hecho que se logró gracias a una labor de inteligencia sofisticada, los uribistas siguieron con su monserga infame contra Santos y contra los militares y policías diciendo que los hombres en armas estaban desmotivados, pues Santos no les merecía el acatamiento que sentían por Uribe en sus ocho años de gobierno.Con motivo del nombramiento del nuevo Ministro de Trabajo, que cayó en manos del director del Partido Liberal Rafael Pardo, Uribe salió a los micrófonos que contralan sus discípulos amados Francisco Santos Calderón y Fernando Londoño Hoyos –ambos ex ministros suyos-, a despotricar contra el Presidente y a criticar no sólo el nombramiento de Pardo, que consideró ‘acto hostil’ contra él y su partido –La U-, sino a repetir el discurso de la desmotivación de la tropa, que por miedo a caer en manos de la Justicia Ordinaria está quieta en los cuarteles mientras la guerrilla sigue sus criminales fechorías.Desde luego, Uribe todavía tiene audiencia y fueron muchos los que le comieron el cuento de la ‘desmotivación’ y de la mano blanda de Santos contra las Farc, con olvido de que ‘Jojoy’ fue abatido en este gobierno de la Unidad Nacional.Por eso, cuando el presidente Santos reconoce que al enterarse de la noticia de la muerte de Guillermo León Sáenz, alias ‘Alfonso Cano’, se le “piantó un lagrimón”, como canta Gardel en el célebre tango, lo entiendo a cabalidad, pues se le acabó ese sambenito de tener que soportar a Uribe y compañía tratando de desprestigiar al Gobierno porque no se daban resultados en el conflicto interno.Allí queda para la historia el hecho más destacado en la lucha contra las Farc en sus 47 años de existencia. Santos, a los muchos éxitos de su excelente gobierno, puede sacar pecho y decirle a Uribe, imitando al rey de España frente a Chávez: “¿Porqué no te callas?” Si esa orden de silencio es obedecida, los colombianos descansaremos de este pugilato y tendríamos a Uribe en su finca de Córdoba leyendo a José Obdulio Gaviria y oyendo a Fernando Londoño. Y todos tan contentos, pues lo que en este momento interesa a todos los que queremos lo mejor para la patria es que sus dirigentes, Uribe incluido, depongan los odios y nos dediquemos a crear un futuro en paz para los que vienen atrás.

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