Rumbo a los altares

Noviembre 15, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

El Tiempo, bajo el titular ‘Más colombianos rumbo a los altares’, publica lista de compatriotas de ambos sexos que están próximos a ser elevados a la categoría de santos por la Iglesia Católica.Ese listado lo inicia el beato Mariano de Jesús Eusse Hoyos, el padre Marianito como lo invoca lleno de unción el expresidente Álvaro Uribe, a quien le reza para que le dé espíritu ecuánime y conciliador, pero parece que su paisano -nació en Yarumal- se hace el sordo.Después aparecen unos beatos criollos “mártires de la guerra civil española… que fueron atrapados por las milicias anticatólicas y mutilados vivos por no negar a Dios”. Que los tenga en su Gloria, digo yo.Luego aparece como “siervo de Dios”, monseñor Ismael Perdomo, arzobispo de Bogotá entre 1928 y 1950, a quien alcancé a conocer en mis años de estudiante de bachillerato en la capital, y que sí tenía aspecto de buena persona. Fue factor decisivo en el escogimiento del candidato conservador a la Presidencia en 1930 pues durante la hegemonía que duró la bobadita de 45 años, la Iglesia, a través de sus altos jerarcas, intervenía con peso específico para señalar el candidato de la derecha. Monseñor Perdomo en la disputa electoral entre Guillermo Valencia y Alfredo Vásquez Cobo prefirió a éste, y ambos perdieron pues por el medio se coló el liberal Enrique Olaya Herrera, dando inicio a 16 fecundos años que llevaron a la Constitución la modernización del país que aún no había salido de la Colonia.Figuran también en el listado del diario capitalino las siervas de Dios María Jesús Upegui Moreno y María Berenice Duque, de cuyos milagros no tengo noticia, pero que debieron ser unas monjas que jamás se quitaron la argolla que las identificaba como esposas de Jesucristo.Igualmente, como siervo de Dios surge monseñor Jesús Emilio Jaramillo, que si mi memoria no falla fue asesinado por uno de los grupo subversivos que actúan en la zona oriental del país. Y unos extranjeros que se hicieron santos en Colombia: San Pedro Claver, San Ezequiel Moreno -el obispo de Pasto que repartía fotos con su efigie con esta frase: “El liberalismo es pecado”-, San Luis Beltrán y la hermana Bernarda Butler.Pero en donde tuve la más tremenda sorpresa, que me hizo leer y releer la lista con olor a santidad fue cuando vi en ella el nombre como siervo de Dios de monseñor Miguel Ángel Builes, el obispo de Santa Rosa de Osos (Antioquia) que fue uno de los mayores instigadores de la violencia política que vivió Colombia a mediados del Siglo XX, cuando al clero, que tanto poder tuvo en los gobiernos azules, no le gustó para nada que los liberales llegaran con una concepción distinta de las relaciones entre la Iglesia y el Estado.Monseñor Builes parecía león enfurecido desde el púlpito de la catedral de su diócesis. Los liberales éramos “la encarnación del diablo, en lastres pestilentes”, y advertía en sus pastorales que “no se puede ser liberal y católico a la vez”, y para colmo afirmó que el Partido Liberal era una culebra que había que exterminar cortándole la cabeza.Ese es, pues, el “siervo de Dios” que fulge como candidato a la santificación. Yo que soy católico practicante pues suelo ir a misa casi todos los días, me resisto a que próximamente tenga que arrodillarme ante la imagen de Miguel Ángel Builes. Ojalá el papa Benedicto XVI lo piense dos veces antes de meter el cayado.

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