Rojo indeleble

Noviembre 18, 2010 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Diego Martínez Lloreda me cuenta que esta columna es la que más opiniones recibe de los lectores, generalmente insultantes por mis posiciones políticas, especialmente por ser liberal y crítico de Uribe.En cuanto se refiere a éste último, no hice más que verter a mis notas lo que yo pensaba sobre la conducta del Presidente en los ocho años de su gobierno que, ahora, viendo las atrocidades que hemos conocido sobre las ‘chuzadas’ del DAS y la corrupción de varias agencias del Estado, me lleva a concluir que estábamos en lo cierto los que afirmábamos, como el poeta, que todo era una mentira con los ojos azules, y eso que nadie conoce el color de las pupilas de Uribe pues él mantiene los ojos entrecerrados, al estilo japonés, que no miran sino sospechan. Pero dejemos de lado a este caballero andante y miremos hacia otro lado.Soy liberal hoy, como lo fui desde que adquirí uso de razón y son claros los motivos que tuve para abrazar esa ideología, todos ellos elementales, entre otros porque nada me indicaba que alguna cosa grande y perdurable hubiera resultado de acallar la conciencia individual, de abolir o limitar la crítica, de impedir que cada forma de la inteligencia cumpliera autónomamente su tarea. Porque los intereses generales no pueden entenderlos ni definirlos sino la colectividad, con su propia visión de las realidades circundantes. Porque sólo del amplio debate puede resultar un mínimo de justicia para todos, por el equilibrio y contrapeso de intereses. Porque cuantas veces se impone una clase dominante ya sea de sacerdotes, de militares, de terratenientes, de comerciantes o de intelectuales, los otros grupos, sobretodo la gran masa anónima, sufre de opresión y de abandono.Cuando me tocó decidir el curso que daría a mi voto en la elección de junio, luego de un serio debate interior resolví votar a Juan Manuel Santos, y así lo confesé en esta columna. Eso me valió que uno de mis más queridos amigos, con una relación cálida de más de 20 años, resolviera cancelarla por estimar -me lo dijo- que eso era una deslealtad con el Partido. Una amiga, con lágrimas en los ojos, me rogó que no lo hiciera porque Santos era peor que Uribe, por ser más “estudiado” que el caballista paisa.Ni el llanto de la una ni la andanada del otro me hicieron recular, y consigné mi voto por Santos, por un proceso deductivo elemental, que hoy la quejosa amiga reconoce de conclusión cierta. Santos, me dije, es tan liberal como yo o como cualquiera otro de los liberales que aún quedan en Colombia, porque su liberalismo es consubstancial con su propia vida y con su entorno familiar.Por más que haya sido ministro de Defensa de Uribe y cofundador de La U, Santos tiene un talante liberal que le brota por los poros. No es posible, pensé, que 60 años de tradición liberal sean arrojados por la borda para convertirse en otro presidente de la derecha extrema de Uribe. Y ahí lo está viendo el país entero. No ha habido otro presidente, Carlos Lleras Restrepo incluido, que haya mostrado un espíritu liberal como el de Santos. Sus iniciativas constitucionales y legales, en tránsito en el Congreso, como la Ley de Tierras, la de Víctimas y la de Regalías, así lo demuestran. Su decisión en el cambio de terna para Fiscal, todo en fin, hace que Santos enseñe que es tan liberal como cualquiera de los colombianos que tenemos esa filiación política.Y ahora que lluevan insultos, querido Martillo.

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