Ramiro Andrade

Ramiro Andrade

Junio 23, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Cuando ingresé a la política, ya Ramiro Andrade estaba en ella como miembro del Movimiento Revolucionario Liberal, la disidencia que montara Alfonso López Michelsen para lograr el sitio que su partido le negaba porque los jefes no lo podían ni ver pues le adjudicaban responsabilidad en la pérdida del poder en 1946.Cuando fui elegido representante a la Cámara, allí encontré a Ramiro Andrade, quien se movía a sus anchas en el Capitolio pues era cabeza visible de la oposición al saliente gobierno de Guillermo León Valencia y al entrante de Carlos Lleras Restrepo. No obstante el antagonismo de la posición política de Andrade y la mía no impidió que entre ambos se forjara una cordial amistad, que dudaría por siempre.Al llegar la unión liberal pactada por el presidente Lleras Restrepo y López Michelsen -a quien Lleras nombró gobernador del Cesar-, Ramiro fue acordado por unanimidad Presidente de la Cámara, y entonces se fortaleció la camaradería. Con él, y otros senadores y representantes -yo incluido- se integró la delegación colombiana a la III Conferencia del Parlamento Latinoamericano que se reunió en Brasilia en 1968, en la que Ramiro resultó elegido presidente, cargo que desempeñó por dos años. Al término de las sesiones, conversábamos largamente sobre política y literatura pues en ambas Ramiro era autoridad. En Río de Janeiro pronunció excelente discurso sobre Tiradentes, héroe nacional.Al finalizar la gestión en Brasilia, y como estábamos aún en licencia parlamentaria, aceptamos Ramiro y yo la invitación que nos hizo Beatriz Uribe de Borrero, a la sazón cónsul general de Colombia en Montevideo, y allá fuimos a dar y pasamos unos días deliciosos en la bella capital uruguaya.Por una rabieta suya al ver que Rodrigo Lloreda no incluyó como gobernador en el primer gabinete a un miembro del MRL, el presidente Lleras tuvo que intervenir y al final resulté secretario de Gobierno y Jesús Sánchez del MRL, secretario de Fomento.Después fuimos ambos favorecidos con el voto popular y llegamos al Senado. Allí concluyó mi actividad electoral pero Ramiro continúo en ella por varios años, y terminó pensionado luego de una larga vida de servicios al país, como legislador y en diversas embajadas.No nos veíamos con frecuencia en los últimos años, pero cuando nos encontrábamos renacía el calor de la perfecta amistad. Era un conversador ameno, que discurría sobre toda clase de temas. Tenía humor e infinidad de anécdotas de la política y de los políticos, y fueron notorias sus divergencias con las distintas líneas en que se fracturó el MRL. Pero Andrade se imponía y siempre resultaba con curul en el Congreso.Escribió varios libros que conservo con dedicatoria en mi biblioteca: ‘Cuba, el vecino socialista’, cuando a Andrade le surgió la admiración por Castro, de quien luego se volvió crítico. Y otra obra sobre China, que vale la pena leer. Mantenía en este diario una ágil columna semanal en la que trataba siempre asuntos de interés. Estaba jugado por el proceso de paz y estoy seguro de que hubiese apoyado resueltamente el plebiscito.Su muerte, acaecida la semana pasada, me llena de congoja porque ha partido un amigo excelente, un político inteligente y un hombre que sin títulos académicos brilló en el panorama nacional como uno de sus más reconocidos dirigentes.A su familia hago llegar la expresión de mi solidaridad, de mi consternación y de mi duelo.

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