Precisiones

Precisiones

Diciembre 08, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

El Presidente de la República, antes del plebiscito, dijo que el eventual triunfo del No traería como consecuencia el fin del cese bilateral del fuego concertado con las Farc, y la reanudación de la guerra en campos y ciudades.Esas palabras de Juan Manuel Santos que, a mi juicio, eran las que estaba obligado a decir como responsable del Gobierno, causaron tremenda crítica de los partidarios del No, especialmente el uribismo y el exprocurador Ordóñez, que sostenían que era inadmisible que el Presidente empleara el terror como argumento para ganar votos para el Sí.Cuando se impuso el No, esos mismos salieron a gritar que el susto que quiso meter Santos resultó pura ‘pajarilla’, pues el acuerdo fue negado y los guerrilleros no recomenzaron la lucha armada, ni rural ni urbana, y calificaron de alarmista a Santos en todos los medios.Se necesita ser muy intonso para decir tamaña necedad. Si el 2 de octubre el Presidente no hubiese tenido la cabeza fría y no dado al colapso del plebiscito el manejo que le dio, reconociendo el resultado e inmediatamente declarar que el proceso de paz continuaba, seguramente hoy estaríamos en medio de una conflagración atroz, pues las Farc habrían cogido las armas para reiniciar no solo en “las montañas de Colombia” sino también en las ciudades su acción violenta.Si no lo hicieron fue porque al día siguiente del plebiscito, Santos ordenó a los negociadores oficiales volver a Cuba para reanudar los diálogos, que concluyeron con la firma del nuevo acuerdo en el Teatro Colón de Bogotá el 24 de noviembre.Hay que precisar otras cosas. El No carece de dueño, como pretenden apropiárselo Uribe, Ordóñez y compañía. Tanto el No como el Sí existieron hasta el 2 de octubre pues la pregunta que se formuló al pueblo fue despachada negativamente. Para decirlo con claridad, ese día murió el acuerdo, todo el acuerdo. Por eso, este que se suscribió en Bogotá es un nuevo acuerdo, que fue consensuado con las Farc y al que se incorporaron casi todas las observaciones que presentaron diversos sectores de la opinión nacional, entre ellos los seguidores de Uribe, cuya intransigencia lo lleva a asumir posiciones extremas, que cada día pierden relevancia pues la gente empieza a cansarse de tanta iracundia.No hay acuerdo de paz perfecto porque no caben todas las pretensiones de las partes. Lo que se hizo no fue un pacto de paz entre Santos y Uribe sino entre el Gobierno y una guerrilla que llevaba 52 años cometiendo toda suerte de crímenes, sin que las armas del Estado pudieran doblegarla. Y como no fue vencida, hubo que hacer algunas concesiones pues no se trataba de rendición incondicional.Me satisface el acuerdo logrado porque Colombia ahorrará muchas vidas, que se perderían si la guerra continuara. Pienso que habrá menos soldados y policías asesinados o mutilados; menos niños y niñas sufriendo la tragedia en los sitios en que se desarrollaba el conflicto; menos jóvenes guerrilleros muertos pues ellos, así los consideremos equivocados, también son colombianos y también merecen vivir en paz.Uribe y los opositores pueden librar ahora la batalla en el Congreso durante el trámite de las leyes y actos legislativos que implementen el acuerdo. Ese es el escenario que ofrece la democracia para intercambiar ideas. Tiene el ex presidente la oportunidad de inscribir su nombre en la historia si pone al servicio de la paz su reconocido liderazgo.

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