Pleito perdido

Pleito perdido

Noviembre 29, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Dan ganas de hacerle caso al expresidente Uribe y decirle a Nicaragua que puede meterse el fallo de la CIJ por salva sea la parte, inclusive obsequiándole al comandante Ortega un tubo de crema lubricante. Igualmente, provoca acudir a Santo Tomás cuando en una de sus obras aconseja que el pueblo puede rebelarse contra un dictado injusto del soberano y no acatar su orden. Para decirlo de una vez, dan deseos de sumarse a Uribe, no acatar la sentencia, y si los ‘nicas’ prenden la mecha de la guerra, pues afrontar el reto, enviando a las Farc al frente de combate, ahora que están descansadas, gozando de merecidas vacaciones de dos meses.En ese lapso, el Fsln de Ortega tira la toalla y nos devuelve lo que perdimos en La Haya, y a las voces marciales del Himno patrio, nos sentiríamos como cuando les dimos “en la jeta” a los peruanos, que quisieron morder a Leticia en 1932.Sí. De veras dan ansias de imponerle a Uribe las cuatro estrellas del generalato y darle el mando de las Fuerzas Armadas, antes de notificarle a Nicaragua que ‘la patria’ no acata el fallo proferido por la Corte Internacional de Justicia.Pero quienes tenemos por norma, no solamente como abogados sino como ciudadanos conscientes de que las sentencias no son buenas cuando acogen nuestras pretensiones y malas cuando las desestiman, no podemos, por más que nos duela el alma, por más que la sangre hierva en las venas, salir con el discurso veintejuliero de Uribe a enardecer el patrioterismo trasnochado y enfurecer a los sanandresanos, que es lo que ha venido haciendo el iracundo exmandatario desde que se conoció el resultado del litigio.Seamos francos. San Andrés, que es la joya de la corona que estaba en juego y sus siete cayos cercanos, siguen siendo colombianos, y habrá que apelar a la diplomacia, con la ayuda de amigos próximos a Daniel Ortega, para morigerar los efectos económicos que por la disminución del área marítima surjan para los habitantes del “archipiélago lejano” como se llamó el libro que escribió hace 60 años uno de los primeros intendentes, el padre de mi compañero de bachillerato Humberto Ruiz Boada.Los gobiernos colombianos nunca le pararon bolas al archipiélago, que en un principio eran unos islotes buenos para nada, hasta que a Rojas Pinilla se le ocurrió convertir a San Andrés en puerto libre, y ahí vino la invasión de comerciantes siriolibaneses -especialmente-, que se lucraron vendiendo televisores, lociones y ‘abanicos’ como llamaban a los ventiladores los peyorativamente conocidos como ‘turcos’.Sobre San Andrés caían hordas de paisas en chancletas y vallecaucanos en bermudas, que uno tenía que soportar en los aviones con unas ‘perras’ que envidiaría Noé, el primer borracho que en la historia asoma. De allá regresaban cargados de todo lo imaginable. En tanto, los gobiernos se hacían de la vista gorda y dejaban que la población isleña se desbordara, copando los servicios públicos esenciales, insuficientes para tanta gente.Ahora con la pisada de los callos ha saltado la importancia ictiológica de los cayos y de la zona marítima que nos quitó la sentencia, se escucha un lamento plañidero que ya no sirve para nada.Así que contentémonos con que el Tratado Esguerra – Bárcenas de 1928 siga vigente. Démosles a los isleños la seguridad de que somos sus compatriotas, y que al mal tiempo buena cara. No siempre se ganan los pleitos y este no tiene recurso. Hay que acatarlo.

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