Paz en Cañaveralejo

Octubre 11, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

En 1988, Plaza de Toros de Cali S.A., arrendó a Fundación Plaza de Toros de Cali los inmuebles situados en Cali y Palmira en donde están la plaza de ‘Cañaveralejo’ y la ‘Agustín Barona’. Años después, las juntas directivas de ambas entidades resolvieron suscribir nuevo contrato y encargaron de su redacción a este servidor quien hizo la minuta correspondiente, elevada a escritura pública en abril de 1991, en la que se estipuló un canon anual de 12 millones de pesos, adicionado con todos los gastos en que incurriera la arrendadora y que fueran incorporados al balance aprobado por la asamblea de accionistas que se reúne ordinariamente en el mes de marzo. Desde entonces fui incluido como miembro del Consejo Directivo de la Fundación.No sé cuál fue la causa eficiente para que la buena relación que siempre hubo entre Plaza y Fundación se deteriorara, al punto de que empezaron a aflorar odios profundos entre directivos de ambas entidades, que habían sido amigos de toda la vida. Yo mismo vi desaparecer afectos para mí, irreemplazables.Allí surgieron tremendos litigios, en los que hay de todo, especialmente el de restitución de inmueble tendiente a que la Fundación devuelva los bienes recibidos en arrendamiento. Pero como la demandada no podía entregar de buenas a primeras el objeto del contrato pues se quedaría sin fondos para atender pasivos generados por la reducción de venta de boletería en los últimos cuatro años, se defendió como gato patas arriba en los estrados judiciales.Hace un par de años llegó a la Presidencia de la sociedad anónima, un hombre de las altas calidades de Alfredo Domínguez Borrero, y tanto Eduardo Estela, presidente de la Fundación, como sus compañeros de Consejo directivo, creímos que con Domínguez era posible convenir el arreglo que pusiera término al pleito.No fue fácil, pues Domínguez tenía en su junta, hay que decirlo, unos enconados enemigos de la Fundación que no aceptaban nada distinto de la rendición incondicional. También hay que reconocerlo, en la Fundación había cabezas calientes que no querían saber nada de acuerdos, y que nos fuéramos hasta las últimas consecuencias. A finales de este septiembre, cuando Eduardo Estela manifestó ante un grupo de directivos que se sentía sin ánimo para continuar negociando con Domínguez por la imposibilidad de conciliar las diferencias, Humberto Alzate Castaño, mente lúcida como pocas, propuso que se hiciera el último esfuerzo y se comisionara a Leonardo César Tafur González y Jorge Restrepo Potes para ese propósito.Domínguez nos recibió en su oficina, y en tres reuniones redactamos un texto que incluía las pretensiones de ambas partes, texto que fue sometido a consideración del Consejo Directivo de la Fundación que lo acogió por aclamación, y al día siguiente fue suscrito por los presidentes de las dos instituciones. Después fue aceptado unánimente por la junta de la sociedad anónima.Comparto con los doctores Tafur y Domínguez el honor de haber logrado el consenso que pone punto final a una disputa que nadie entendía y que causó daño al espectáculo de los toros en Cali.Deseo sinceramente que Plaza de Toros de Cali S.A. ponga en alto el nombre de ‘Cañaveralejo’, al que la Fundación mantuvo en medio de problemas sin cuenta. Alfredo Domínguez tiene la capacidad suficiente para afrontar el compromiso que ha asumido. Y gracias a Eduardo Estela por su total entrega de tantos años a la Fundación.

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