Palabras y política

Palabras y política

Septiembre 09, 2010 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Adolfo Hitler prostituyó el vocablo socialismo. Su partido se llamó oficialmente Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes. Tenía como insignia la bandera roja y usó mucho del vocabulario de la II y III Internacionales. Pero ese partido suplantó la lucha de clases con la lucha de razas, y la dictadura del proletariado con la dictadura o predominio de la raza aria, creando una intoxicación en un pueblo de alta cultura política, con desastrosos efectos como fue llevarlo a una guerra mundial.Con las banderas rojas del Nacional Socialismo fueron invadidas Dinamarca y Noruega. En Escandinavia, Holanda e Inglaterra, aquel vocabulario socialista hitleriano produjo saludables reacciones. En la primera etapa de la invasión, hasta 1941, los comunistas ayudaron a los nazis -entonces sus aliados- y juntos esgrimieron los llamados socialistas. Ya cuando los aliados se traicionaron y Hitler adelantó el golpe que esperaba de Stalin, y cuando ya el comunismo se vio obligado a aliarse con el capitalismo, el cuadro se aclaró rápidamente.Pero los términos ‘socialismo’ y ‘socialista’ quedaron desacreditados y fueron sustituidos por otros más expresivos: en Noruega el Partido Socialista adoptó el nombre oficial de ‘laborista’ al igual que en Inglaterra, y en los demás países escandinavos se volvió clásico el nombre de ‘socialdemócrata’, inclusive en la misma Alemania de posguerra.Importa mucho en la política el escogimiento de una exacta semántica. A Lenin se debe la más audaz inventiva del léxico revolucionario ruso. El líder soviético supo usar las palabras ‘comunismo’ y ‘comunista’ con mucho tiento, antes de 1917. Las manejaba profusamente en sus escritos destinados al público europeo, pero para el ruso creó otros vocablos: ‘bolchevique’, ‘bolcheviquismo’, que en el lenguaje ordinario ruso viene de ‘bolsho’ -mayor- de donde se desprende que ‘bolchevique’ quiere decir ‘mayoritario’ y ‘bolcheviquismo’ mayoritarismo. Del mismo modo, la palabra ‘soviet’ no es de origen revolucionario sino vieja denominación de los ‘consejos’. E igualmente, la denominación ‘Plaza Roja’ en donde se halla la tumba de Lenin, que aún permanece a pesar del cambio político, no es comunista porque así se llama desde Iván el Terrible. De otra parte el ‘rojo’ es para el viejo ruso, como podríamos decir nosotros ‘dorado’, pues en cada casa campesina hubo siempre un rincón dorado que es el de los íconos y de las lámparas perennes.Es curioso que estos asuntos semánticos llevan trascendencia psicológica. Las palabras inofensivas sirvieron a un pueblo derrotado, gobernado por una monarquía decadente, para que diera a los bolcheviques ancha base de masas.Hitler aprendió la lección rusa e hizo en Alemania lo propio valiéndose de símbolos y palabras que aprovechó demagógicamente. Su ‘socialismo’ logró derrumbar al otro, y bajo retocadas banderas rojas invadió países que sentían devoción por otra forma de socialismo. Pero las ideas y palabras chocaron con las armas. Y en muchos países de Europa se ha renovado el socialismo y por eso los partidos se llaman ‘socialdemócratas’ o ‘laboristas’. En el mundo actual no existe prácticamente el comunismo. Sólo sobrevive, disfrazado de socialismo, en la Cuba castrista, que no da el brazo a torcer y sigue con su proyecto político, también utilizando símbolos y palabras que lo han mantenido en el poder por más de medio siglo.

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