Otto Morales

Junio 04, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Heredé de mi padre Federico Restrepo White la amistad de Otto Morales Benítez. En alguno de sus viajes a Bogotá, cuando yo estudiaba derecho en el Externado fui con él a la oficina en el Edificio Valdiri de Gustavo Gaviria González quien, si mi memoria no falla, la compartía con Morales. De allí surge mi relación con este colombiano ejemplar a quien la patria le quedó debiendo la presidencia, porque pocos como él tenían tan amplio conocimiento de la realidad nacional.Liberal de alto coturno, actuó en el escenario político cuando pertenecer a ese partido era un honor costoso, como decía Uribe Uribe, por los riesgos que entonces corrían sus miembros, especialmente los dirigentes, y Otto lo fue desde muy joven, cuando se atrevió a sacar un periódico en la ultraconservadora Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín en la que se graduó de abogado, carrera que comenzó en la Universidad del Cauca.Nacido en Riosucio, fue diputado a la Asamblea de Caldas, en donde empezó a mostrar su temple liberal. Al volcarse sobre Colombia la Violencia de mediados del Siglo XX, Otto se puso en primera fila de los que formaban la oposición al régimen de derecha imperante, y así llegó a la Cámara de Representantes. Clausurado el Congreso por inconstitucional decreto de Ospina Pérez el 9 de noviembre de 1949, Otto Morales tuvo participación destacada en la oposición liberal a Ospina, luego a Laureano Gómez y por último a Rojas Pinilla.Cuando Alberto Lleras en 1956 fue aclamado en Medellín jefe único del Partido Liberal, designó a Morales Benítez secretario general de la colectividad, y en ese carácter participó de todas las acciones que se llevaron a cabo para derrocar la dictadura, lo que se consiguió el 10 de mayo de 1957.Al acceder Lleras Camargo a la presidencia en agosto de 1958, nombró a Morales ministro de Agricultura y después de Trabajo; en este sorteó con fortuna diversas huelgas, muchas muy complejas que hubo entonces, luego de tantos años de represión sindical. La arrolladora simpatía del ministro calmaba los ánimos de los líderes de los sindicatos.En 1982, el presidente Belisario Betancur le impuso la dura tarea de ser Comisionado de Paz –buscando lo mismo que ahora persigue Santos en La Habana-, cargo sin sueldo del que se vio precisado a renunciar argumentando que había “enemigos agazapados de la paz”, idénticos a los que hoy se pronuncian contra los diálogos en la isla caribeña.Retirado de las funciones públicas, Morales se dedicó a su exitosa profesión de abogado en su oficina de la Torre Colpatria en Bogotá, y a escribir libros, 128 publicados y muchos inéditos, entre estos uno próximo a aparecer con la biografía del doctor Eduardo Santos. He leído casi toda la producción literaria de Otto, y juzgo que hay libros suyos imprescindibles para entender el país, entre los que destacan ‘Muchedumbres y banderas’, ‘Memorias del Mestizaje’, y la excelente biografía de Manuel Antonio Sanclemente.Parte para otra dimensión un amigo entrañable con quien mantuve permanente comunicación, y de quien fui heraldo cuando pretendió la candidatura presidencial en 1986, que infortunadamente no prosperó.Con frecuencia venía a Cali y aquí con otros amigos próximos, gozábamos con la carcajada sonora y con sus anécdotas interminables sobre los protagonistas de la política nacional. Me duele muchísimo su fallecimiento, y hago mía la pena de sus hijos Olympo y Adela.

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