Ojo, senadores liberales

Ojo, senadores liberales

Septiembre 27, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Da vergüenza a los auténticos liberales, aquellos que creemos en los principios inmanentes del Partido, que la bancada de sus miembros en el Senado hace cuatro años haya votado por el doctor Alejandro Ordóñez Maldonado para llevarlo a la Procuraduría General de la Nación. Pero en ese momento hubo la disculpa de que aparte una que otra acción cavernaria del candidato, no se le conocían otros defectos.Pero que los actuales senadores liberales se apresten a reelegir por otros cuatro años, es algo que dan ganas de llorar pues lo que Ordóñez ha mostrado en este período de su función como agente del Ministerio Público, no es otra cosa que un fanatismo religioso que riñe con la definición constitucional según la cual Colombia es un estado laico. Alejandro Ordóñez, como persona, puede pensar con cabeza de miembro del Santo Oficio de la Edad Media cuando los herejes se llevaban a la hoguera y a las mujeres adúlteras las rapaban y se les pintaba una cruz roja en la testa despoblada. Pero él no fue elegido para ser arzobispo, ni obispo, ni sacerdote, ni siquiera monaguillo de un pueblo perdido entre las breñas agrestes de su Santander nativo.A él lo eligió la alta cámara para ser el representante de la sociedad colombiana, blanca, negra, india, católica, judía, mormona, inclusive atea, pues toda ella es parte de una misma patria que tiene en el Procurador el vigilante de sus intereses y que debe velar por el cumplido ejercicio de la Carta y de la ley.Es de público conocimiento que al señor Procurador le produce asco moral que la Corte Constitucional, en sentencia que hizo tránsito a cosa jugada, haya dispuesto que una mujer embarazada puede abortar en tres casos taxativamente señalados en ese mandato judicial: cuando la gravidez es producto de una violación, cuando hay deformación irreparable del feto y cuando peligra la vida de la gestante. Así de sencillo es el asunto y a ello deben atenerse el Procurador, y los jueces, y los fiscales, y los hospitales, y los médicos, sin invocar objeciones de conciencia, especialmente en los centro de salud oficiales.Pero resulta que el doctor Ordóñez no ha dejado ni un solo instante de maquinar para volver nugatorio el derecho de las mujeres de acudir al aborto en esas tres circunstancias y puso a dos de sus inmediatas colaboradoras, las procuradoras delegadas Ilva Myriam Hoyos y María Eugenia Carreño, a poner palos en la rueda para que los centros de salud se abstuvieran de practicar abortos a pesar de estar permitidos en el mandato de la Corte Constitucional y a prohibir a las E.P.S., la formulación de la droga llamada popularmente “del día después”, con la peregrina tesis de que es una pastilla abortiva.La Corte reaccionó y ordenó a los tres funcionarios retractarse y cumplir la sentencia, so pena de incurrir en severas sanciones. Ya lo hicieron, pero Ordóñez anuncia que pedirá la nulidad de la sentencia que dispuso la retractación. Las dos damas renunciaron y ya el jefe dijo que no les aceptará la renuncia. Si al Procurador le queda una pizca de dignidad, debería retirar su candidatura propuesta inexplicablemente por la Corte Suprema de Justicia.Colombia quiere un Procurador que anteponga sus obligaciones de funcionario a sus creencias religiosas. Así que invoco el sano criterio de mis copartidarios liberales del Senado para que no caigan otra vez en la tentación perversa de reelegir con sus votos a Ordóñez.

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