Obcecación

Junio 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Si Jorge Eliécer Gaitán, el líder liberal asesinado el 9 de abril de 1948, resucitara y se incorporara en este momento a la política nacional, diría que el Gobierno de Juan Manuel Santos pertenece a la más pura ‘oligarquía criolla’, y desde esa óptica que le permitió a Gaitán convertirse en el conductor de masas más destacado que ha dado el país, muchos pensarían que tendría razón.El presidente Santos viene de una familia que ha tenido lugar de preeminencia en la vida social, política y económica desde hace 100 años, heredera de El Tiempo, gigantesca empresa de medios que ha ejercido decisivo influjo en la opinión pública, y que los Santos vendieron por un platal, la mitad a Planeta y después el resto a Luis Carlos Sarmiento, hoy dueño único.En el gabinete ministerial están notorios elementos de la alta empresa privada. Allí toman asiento Federico Renjifo, Juan Gabriel Uribe, Mauricio Cárdenas, Alejandro Gaviria, y son consejeros Alejandro Eder y Francisco José Lloreda, que no son propiamente mamertos tirapiedras.Por eso no tiene sentido la obcecación de Álvaro Uribe, de Pacho Santos – a quien sus primos hermanos llaman el payaso de la familia -, de Fernando Londoño y de José Obdulio Gaviria, con la que, movidos por el odio al Presidente, alegan, un día sí y otro también, que este Gobierno va a entregar a Colombia a las Farc para que se implante aquí un socialismo Siglo XXI, tipo Venezuela, o un comunismo al estilo cubano.A nadie sensato le cabe en la cabeza que un hombre como Santos y como la gente que le acompaña en su Administración fueran a autorizar la suscripción en La Habana de un tratado de paz que vulnere los principios políticos, económicos y sociales protegidos por la Carta. En Cuba habrá un acuerdo de paz construido sobre agenda previamente establecida y no se derogará ninguno de los derechos que garantizan nuestra vida en comunidad.Otra cosa es que tengamos que hacer sacrificios pues la paz tiene costo elevado. Si queremos que nuestros hijos y nietos vivan en una Colombia mejor que la que nos tocó a nosotros, vamos a tener que meternos la mano al dril para que haya una desmovilización general de los insurgentes, y tendremos que “tragar sapos” pues no podemos esperar que los comandantes guerrilleros acepten firmar e irse a la cárcel. Habrá, necesariamente, confesiones y reparación a las víctimas pero, al igual que con el M-19, veremos a varios de esos sujetos en las corporaciones públicas. Horrendo, puede ser. Pero ese es el duro precio de la paz.De otra parte, los negociadores colombianos que se sientan en La Habana, son gente de fiar. Luis Carlos Villegas, presidente de la Andi, representa a la gran industria. Los generales Jorge Enrique Mora y Óscar Naranjo, son auténticos voceros de las Fuerzas Armadas. Humberto de la Calle Lombana es persona íntegra que no dará su brazo a torcer en las conversaciones. Sergio Jaramillo y Frank Pearl vienen del Gobierno de Uribe. A ninguno de ellos les cabe la sindicación de camaradas izquierdistas, ni de enemigos del capitalismo, ni de cómplices de la guerrilla.Por eso, por favor, señor ex presidente Uribe, tenga paciencia y verá que la paz llegará por la vía del diálogo y no mediante una continuación de la guerra que es la opción a la que usted invita, pues ya los colombianos estamos ‘mamados’ de esa confrontación, única en el mundo con 60 años de duración.

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