Nostalgias

editorial: Nostalgias

Los amantes del tango llevamos en el corazón por lo menos diez de los famosos que escuchamos una y otra vez con la misma emoción que sentimos cuando descubrimos en la juventud “ese pensamiento triste que se baila”.

Nostalgias

Febrero 09, 2017 - 10:18 a.m. Por:
Elpais.com.co

Los amantes del tango llevamos en el corazón por lo menos diez de los famosos que escuchamos una y otra vez con la misma emoción que sentimos cuando descubrimos en la juventud “ese pensamiento triste que se baila”. Uno de ellos es ‘Nostalgias’, con música de Juan Carlos Cobián y letra del poeta Enrique Cadícamo, que todos sabemos de memoria: “Quiero emborrachar mi corazón para anegar un loco amor…”.

Quienes hemos traspasado el umbral de la supervivencia en Colombia que anda en los 73 años, en estas épocas de fin de año y comienzos del siguiente, nos da por volver los ojos al pasado y allí surge la pregunta de siempre: ¿Era Colombia mejor o peor que esta de ahora? ¿Los colombianos éramos mejores o peores de lo que somos hoy? Ambos interrogantes son de difícil respuesta pues “yo soy yo y mi circunstancia” como sentenció el filósofo español Don José Ortega y Gasset a principios del siglo anterior.

Tengo que decir sin vacilar que me gustaba más la Colombia que conocí de niño, pero esto no tiene mayor gracia porque en aquel entonces “todos estaban vivos”, como me dijo un amigo. Allí estaban padres y abuelos, los míos y los de los camaradas próximos. A mí se me ocurre que en Tuluá nadie moría pues recuerdo el hermoso tañido de las campanas de la iglesia parroquial de San Bartolomé doblando algún difunto que violaba la norma general. El pueblo -Tuluá era uno de no más de treinta mil habitantes- se me antojaba precioso, y en Bogotá, adonde me exiliaron a los doce años para cursar el bachillerato, lo extrañaba como si nunca llegarían las vacaciones para reencontrarme con la familia y con la ‘barra’ en el Salón Florencia, la heladería del Parque Boyacá.

El país llevaba 45 años de paz total luego de la Guerra de los Mil Días y esa tranquilidad de que gozábamos los diez millones de colombianos la creíamos eterna y que nadie podía alterarla.

Pero un mal día revivió el ser violento criollo y surgió esa violencia sin antecedentes que derrumbó todos los muros de la tolerancia y sembró una semilla de desencuentro que aún germina en la vasta geografía nacional. Pero a pesar de todas las secuelas que dejó, una vez recuperada la paz con lo que se llamó Frente Nacional vivimos una etapa de sosiego que concluyó con la aparición de los grupos subversivos que provocaron una hemorragia terrible que ahora empezamos cerrar, gracias a los esfuerzos que hemos hecho para pactar el fin del conflicto con las Farc, que ojalá culmine satisfactoriamente.

Confío que ese acuerdo tan difícilmente conseguido termine bien y que sus adversarios dedicados a torpedearlo entiendan que es mejor la paz que la guerra, así haya que ceder en muchos aspectos porque lo que se hizo en Cuba no es un contrato entre amigos sino una negociación política entre adversarios, parecido a lo que se conoce en derecho como transacción, que puede definirse con una frase sencilla: ni tanto como pides tú, ni tanto como quiero yo.

Volviendo al comienzo de este escrito, como en el tango que me sirvió de título, siento nostalgias de la Colombia que se fue, pero también tengo inmensa fe en el futuro del país. Si logramos aclimatar la concordia, tendremos una patria más amable, con más justicia, con menos desigualdades, que nos lleve a que el mundo nos siga considerando una nación civilizada.

Hay que aligerar los espíritus de odios enfermizos, y hacer que las campañas políticas que se avecinan se basen en confrontación de ideas y no de insultos.

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