Manuelito

Marzo 14, 2013 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Si usted detiene a un transeúnte en la Plaza de Caycedo y le pregunta si ha visto a Manuel Gutiérrez Ocampo, seguramente le responderá que no conoce a ese ciudadano. Pero si le inquiere por Manuelito le dirá que acaba de verlo, caminando con ligero paso cerca de la estatua de José María Cabal, de quien su pariente Pepe Cabal Rivera afirma que el prócer era liberal pero que después de su fusilamiento en la época de la reconquista española, la familia se godificó, menos su padre Bernardino y él mismo. Pero volvamos a Manuelito, a quien conozco hace medio siglo, al coincidir en uno de los tantos directorios liberales departamentales, que se constituían saltuariamente cuando las distintas vertientes lograban ponerse de acuerdo en temas ‘transcendentales’, como el escogimiento de presidente, secretario, revisor fiscal y tesorero, cargo este último de inutilidad manifiesta pues no había un peso en las arcas rojas.A pesar de que Manuelito pertenecía al MRL, el movimiento de López Michelsen que en el Valle dirigía Ramiro Andrade, y yo andaba en la hueste holmista bajo la batuta de Carlos Holmes Trujillo, surgió entre ambos cálida amistad que se prolonga hasta hoy, cuando ambos asistimos, todos los martes, a una mesa de liberales en uno de los clubes de la ciudad, y luego algunos de sus integrantes nos dedicamos a jugar póker, con mínimas apuestas y sin gota de licor en ninguno de esos encuentros.En aquellos directorios que tanto añoro pues allí había un partido pujante que se preocupaba por ser intérprete de las necesidades populares, Manuelito era siempre elegido secretario por unanimidad, pues todos confiaban en su imparcialidad y buen juicio para desempeñar el cargo, que Carlos Holmes consideraba el más importante de todos y ponía el ejemplo del comunismo soviético en el que el secretario tenía más poder que cualquier jerarca del Kremlin.No he visto jamás en mi actividad política un miembro de directorio más consagrado ni que mostrara mejores resultados que Manuelito. Manejaba la sede y daba órdenes a la de los tintos y a los mismos jefes, por tener descuidada una de las comunas. Sabía quién era quién en cada uno de los barrios e instalaba comités en todos ellos, con bandera roja incorporada. Le encantaban los volantes y mandaba imprimir miles de ellos, formando brigadas que los repartían en las calles.No faltaba a ninguna reunión de junta de acción comunal y llevaba a los concejales del Partido las inquietudes y movía cielo y tierra para que votaran la partida para arreglar la escuela o embellecer el parquecito. En fin, Manuelito era el motor del liberalismo en Cali y el Valle, pues también sacaba tiempo para ir a los distintos municipios a abrir sedes y a convencer a los dirigentes locales que se movieran para ganar las elecciones venideras.En medio de ese ‘agite’, Manuelito tenía que atender sus negocios particulares, y aún hoy a sus 85 años lo vemos retirarse temprano de la mesa de póker pues tiene que viajar al día siguiente a las 4 a.m. a su finca de El Patía. A veces va y viene en el mismo día. Todo un ejemplo de fortaleza y voluntad.Todos queremos a Manuelito pues además de ser el mejor liberal que conozco –dice que vota hasta por Pirulo si es copartidario– es un amigo incomparable. Que Dios le conserve ese espíritu que no lo deja ir al médico pues dice que si va le encuentra algo. Ni aspirina toma.

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