Los Kennedy 1

Abril 21, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Edward M. Kennedy, ya en fase terminal del tumor maligno que le apareció en el cerebro, resolvió dejar para la posteridad el testimonio de lo que fue su vida, tanto la privada como la pública. En esta última actuó en primer plano de la escena política norteamericana durante 47 años, casi todos ellos en su curul de senador por Massachusetts, su Estado natal.Ese registro histórico del menor de la dinastía está contenido en un libro estupendo titulado ‘Los Kennedy. Mi familia’, que pese a su extensión se lee de una sentada pues aparte de estar muy bien escrito, con una traducción impecable al castellano, muestra un tramo de lo que sucedió, no sólo en Estados Unidos, sino en el mundo durante el medio siglo que se extendió el periplo político de Ted Kennedy.Naturalmente, hay muchos aspectos que todos los que nos hemos interesado por estos temas, conocemos, pero el autor traza, como protagonista de uno de los papeles estelares, lo que fue la llegada a Estados Unidos de sus antepasados irlandeses, tanto paternos como maternos, todos de un acendrado catolicismo, inculcado básicamente por Rose Fitzgerald quien fuera el eje del clan y que vivió 104 años, que le permitieron sufrir -y recuperarse- de tantas penas, pues no es común hallar un núcleo familiar más azotado por la adversidad y la tragedia, a pesar de haber contado con la inmensa fortuna amasada por Joseph Kennedy, su marido.La lista de las desgracias sufridas por ella hubiese sido digna de un drama de Shakespeare: Joe, el mayor, muerto en la Segunda Guerra Mundial al ser abatido su avión de combate por la aviación nazi; Kathlen, su hija, muerta junto con su esposo en accidente aéreo en Francia; Rosemary, con transtornos mentales desde la niñez; John, el presidente, asesinado en Dallas; Robert, candidato, baleado y muerto en el Hotel Ambassador de Los Ángeles cuando todo apuntaba a que sería elegido presidente en 1968; Michael, hijo de Robert, muerto al darse contra un árbol mientras esquiaba en Aspen; Teddy, hijo de Edward, con su pierna amputada para salvarlo de un cáncer en la rodilla a los doce años de edad; John John, hijo del presidente mártir, caído al mar con su avión en el que iba con su mujer y su cuñada. Y como si todo eso no fuera suficiente, le aparece a Edward el tumor cerebral maligno, al que enfrentó con valentía y fortaleza cristiana, y que no le impidió, ya muy afectado por la enfermedad, continuar en el Senado defendiendo los derechos civiles y acompañar a Obama en la convención demócrata de Dever que lo eligió candidato del partido, que le valió luego llegar a la Casa Blanca.Este libro de Edward Kennedy es un canto a la unidad familiar que hubo en el hogar compuesto por Joseph, su esposa Rose, y sus nueve hijos, cuatro hombre y cinco mujeres, pero es verdaderamente hermoso el espectáculo de ese grupo de personas tan unidas en la buena y en la adversa fortuna.Hay que leer este formidable libro, que es, además una síntesis perfecta de la filosofía liberal y su constante lucha por los derechos de las minorías oprimidas, y por la redención de los humillados y los ofendidos. Edward Kennedy es el arquetipo del político liberal que sin claudicaciones ni esguinces batalló hasta el minuto último de su vida para que no se violaran las leyes que permitieron la integración racial de su patria, tan combatidas por la hirsuta derecha gringa.

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