Los indignados

Junio 28, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Los promotores del voto en blanco -entre los cuales me cuento-, me han solicitado escribir esta nota para agradecer a Diego Martínez Lloreda -Martillo- por su columna publicada en este diario el viernes último, pues ella produjo un doble y saludable efecto en los simpatizantes de esa alternativa democrática: los que estaban tibios se volvieron calientes y los calientes se convirtieron en lava de volcán en erupción. Prueba de ello es el alto número de comentarios que suscitó al pie de su nota lo afirmado por mi apreciado colega.La reacción a la columna de Martillo era de esperarse pues contenía un ‘macartismo’ trasnochado, como el que puso en vigencia el senador gringo Joe McCarthy a mediados del Siglo XX cuando, convertido en una especie de oficiante del Ku Klux Klan, veía comunistas y enemigos de Estados Unidos por todas partes. Hasta una gloria del cine como Charles Chaplin fue víctima de su cacería de brujas.Martínez, ahora, divide a los votantes del próximo domingo en los sensatos que sufragarán por el candidato de su preferencia y los que lo haremos en blanco, que somos ingenuos despistados, que no sabemos entender las superiores conveniencias del Departamento.Pero el colmo del articulista es escribir, sin rubor aparente, que los que estamos listos a votar en blanco el domingo, le estamos haciendo el juego a Juan Carlos Martínez para que triunfe su candidato Francined Cano, del MIO, o del PIN, o como se denomine el partido del ex senador y de su socio, Juan Carlos Abadía. He leído varias veces la columna en comento y me aterra la lógica que emplea el autor para descalificar la opción legítima del voto en blanco, y que puedo refutarla diciéndole que no somos los votantes en blanco los responsables de un descalabro electoral del candidato de la Unidad Nacional y de un eventual triunfo del abanderado del MIO. Son los que seleccionaron en un aquelarre perverso a un candidato de tantas falencias como el que escogieron unos senadores y unos representantes a la Cámara, miembros del más desprestigiado Congreso que registran los anales históricos de Colombia, como ha quedado patente con la aprobación de la Reforma de la Justicia, que fue un verdadero atentado contra las instituciones.Si ese candidato por el que aboga Martínez Lloreda fuera uno lleno de virtudes, pues simplemente arrasaría en las urnas, y no estarían sus parciales angustiados por frenar la creciente ola del voto en blanco, que por primera vez en lo que yo llevo observando la política criolla, se convierte en actor de alto coturno en unas elecciones.En Colombia siempre hubo preocupación por la abstención, jamás por el voto en blanco, que ahora irrumpe con fuerza devastadora pues representa la indignación de un pueblo -el vallecaucano- que ve la manera burda como unos cuestionados políticos se erigen en los grandes electores y disponen a su amaño cuál es el candidato, con olvido de que el Valle es un departamento que por su posición en el concierto de las regiones patrias, merece respeto.Si el voto en blanco resulta victorioso el domingo, juzgo que sería conveniente constituir el partido de los ‘Indignados del Valle’, como primer paso para el rescate de nuestra tierra, tan vapuleada en los últimos tiempos. Invito a que el domingo crucemos el tarjetón en la casilla del voto en blanco. Ese color significa asepsia y por eso es el preferido de los médicos.

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