López: 100 años

Junio 27, 2013 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

La primera intervención pública de Alfonso López Michelsen fue cuando demandó por inconstitucional el decreto de estado de sitio dictado por el presidente Ospina Pérez el 9 de noviembre de 1949 por medio del cual se modificó el sistema de votación en la Corte Suprema de Justicia, que de la mitad más uno pasó a mayoría calificada de las dos terceras partes, imposible de obtener, pero con lo que se blindaban las dictatoriales medidas que impusieron el régimen de excepción y la clausura del Congreso. No recuerdo que fin tuvo la demanda, pero después del 6 de septiembre de 1952 cuando fueron incendiadas en Bogotá la Dirección Liberal, El Tiempo, El Espectador, y las casas de Carlos Lleras y del expresidente Alfonso López Pumarejo, ambos jefes con sus familias se exiliaron en México. Allá, López Michelsen se dedicó a la producción de cine y escribió una estupenda novela, ‘Los elegidos’. Caído Rojas Pinilla -que había derrocado a Laureano Gómez- aquel regresó a Colombia y fundó un movimiento político -MRL- que se opuso a la reforma plebiscitaria que consagró la alternación de los partidos Liberal y Conservador en el poder, que si bien contuvo la violencia partidista, liquidó la ideología de ambas colectividades pues se instauró un sistema paritario en el que daba lo mismo sacar un voto que un millón pues todas las ramas del Estado eran distribuidas en iguales cuotas.Yo, que comenzaba a intervenir en política en la universidad, ingresé a las filas del movimiento de López, y voté por él en las elecciones parlamentarias de 1960 cuando resultó elegido representante a la Cámara por el Valle del Cauca. Pero me retiré pronto de la hueste lopista pues le dio al ‘compañero jefe’, como lo bautizó Klim, por despotricar de los líderes liberales que habían afrontado la violencia y puesto los pechos a la brisa, mientras él cazaba estrellas en las soleadas playas de Acapulco.Con el correr de los años, López y el presidente Lleras Restrepo pactaron la unión liberal y el ‘compañero jefe’ fue nombrado gobernador del Cesar y luego ministro de Relaciones Exteriores. Y soy testigo pues en ese momento era yo representante a la Cámara, cuando se debatía la reforma constitucional de 1968, del invaluable aporte del canciller en los cambios institucionales que a la Carta introdujo el Congreso. No he visto, en todo lo que conozco de la clase política criolla, una mente más lúcida que la de este hombre cultísimo a quien veía, como se dice en el argot futbolero, fuera de lugar cuando le obligaban sus conmilitones a ‘untarse de pueblo’ pues era más del Jockey Club que del Campo Villamil, donde los dirigentes liberales iban a jugar tejo para darse un toque de popularidad.En la convención liberal de 1973 López derrotó a Carlos Lleras, que era mi preferido, pero haciendo honor al compromiso de sufragar por el candidato oficial, voté a López, quien les ganó a los otros dos delfines, María Eugenia Rojas y Álvaro Gómez Hurtado. Debo confesar que esperé más doctrina liberal en el tal ‘mandato claro’.En los últimos años de la vida de López me convertí en su admirador pues se puso al servicio del trapo rojo y muchas veces vino al Valle a colaborar en las campañas.El domingo se cumplen 100 años del nacimiento de López Michelsen, que ocupa puesto entre los grandes de Colombia. Los lopistas integrales, como Manuelito Gutiérrez, todavía dicen que cuando el jefe hablaba ponía a pensar al país.

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