Llanto por Argentina

Mayo 24, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Siento un amor inmenso por Argentina, que viene desde mi niñez cuando esperaba ansioso la llegada a la librería de Miguel Ángel Potes en el Parque Boyacá, de la semanal revista ‘Billiken’, que era una maravilla no sólo por la impecable impresión sino también por el contenido. Pertenecía a Editorial Atlántida y la dirigía ese gran maestro de juventudes que fue Constancio C. Vigil.En esa revista aprendí mucho de la historia Argentina y sus próceres me eran tan familiares como los nuestros. San Martín era Bolívar y Manuel Belgrano era Santander. Y Buenos Aires, su imponente capital, era la bella ciudad que aparecía con frecuencia en las fotos de ‘Billiken’ y por eso cuando fui por primera vez a ella tuve la sensación de que volvía y no de que llegaba. Además, Argentina era la proveedora de los grandes futbolistas que vinieron a Colombia en la época dorada.Desde entonces he seguido de cerca el proceloso tránsito del desarrollo político de la gran nación suramericana, y, lo escribo con sinceridad, jamás he podido entender, cómo un pueblo de la cultura del argentino haya podido soportar ese sainete que se sucede una y otra vez en la Casa Rosada, sede del Gobierno austral.Juan Domingo Perón, que llegó a la presidencia en 1946, instaló un régimen populista, aprovechando el carisma gigantesco de su esposa, la señora Eva Duarte, una mediocre actriz de radionovelas que convertida en la amante y luego en la mujer de Perón, alcanzó la más alta cota de favorabilidad que haya logrado cualquier mujer en América, Estados Unidos incluido, ella se convirtió en la líder de los ‘descamisados’ y ese pueblo enloqueció con su embrujo, que no terminó cuando el cáncer le arrebató la vida a los 33 años, pues ahí está vivo su recuerdo, y la actual presidenta, la señora Kirchner, la recuerda en todo momento y suele aparecer en las fotos con el retrato de Evita a su espalda.Muerta la señora Duarte y caído en desgracia Perón, que sale del poder por un golpe militar, vuelve al mando en unas elecciones en las que triunfa a través de un testaferro, Héctor Campora. Reingresa a la Casa Rosada, ahora casado con otra chica de la farándula, María Estela Martínez – Isabelita en la intimidad – a quien logra poner en la presidencia para que su partido, el justicialismo, siga gobernando hasta que es depuesta por los militares.Por eso digo que es inconcebible que ese pueblo haya tolerado el influjo de dos damas de tales antecedentes, y que ahora tenga en la cima del poder a la señora Cristina Fernández, cuyo único mérito es el de ser la viuda del ex presidente Néstor Kirchner, que fue jefe de un peronismo trasnochado.Ahora la Presidenta argentina, haciendo algo parecido a lo que hicieron los generales golpistas al tratar de retomar las isla Malvinas, vuelve a agitar el tema y, para rematar, nacionaliza el 51% de las acciones que en YPF, la empresa petrolífera, tiene Repsol, la multinacional española. Naturalmente esa movida infla el de por sí inmenso orgullo argentino pero se le ha armado lío grande a nivel mundial, ya lesionado desde que el país resolvió no pagar la deuda pública externa.Ojalá Argentina enrute mejor su porvenir político, pues es triste que un país tan importante sea tan mal manejado y que sólo viva del recuerdo de cuando era una de las economías más sólidas del Continente, pues era la despensa del mundo, exportando cereales y carne. Si sigue así, hay que llorar por ella.

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