Las firmas, ¡qué vergüenza!

Las firmas, ¡qué vergüenza!

Enero 24, 2018 - 11:40 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Que figuras importantes de la política como Germán Vargas, Martha Lucía Ramírez, Gustavo Petro, Sergio Fajardo y Alejandro Ordóñez, hayan resuelto desligarse de sus respectivos partidos para irse por firmas, resulta hasta comprensible en el caso del primero de los nombrados a quien seguramente le dio pena presentarse por Cambio Radical.

Pero que esos mismos personajes hayan presentado ante las autoridades electorales unas firmas que resultaron ‘chimbas’ en más del 50% es motivo suficiente para que retiraran sus candidaturas, pues cómo diablos pueden prometer que serán adalides de la anticorrupción, si de entrada comienzan con el acto corrupto de llevar a la Registraduría miles de hojas con unas rúbricas que si bien alcanzaron el umbral, ninguno pasó de la mitad de lo que dijeron haber recaudado. ¡Qué vergüenza!

No me vengan, como decimos en Tuluá, que es confiable como eventual presidente de la República un candidato que muestre suscriptores de apoyo como Superman, Spiderman, Pancho, y otros supuestos firmantes, todos inexistentes. Pero había que verlos en la televisión cargando los fardos con los folios firmados. Vargas dijo que logró cinco millones, el exprocurador habló de casi tres millones, la locuaz Ramírez pasó de dos millones, Fajardo tuvo que contratar silleteros del desfile de flores de Medellín para que le ayudaran con sus varios millones.

¿Y en que paró todo ese arrebato? Que según el excelente registrador Juan Carlos Galindo ninguno de los candidatos pudo demostrar que más de la mitad que resultaron falsas eran legítimas. Eso en un país serio es motivo de descalificación, especialmente para los que agitan la ‘moralina’, como dice María Jimena Duzán.

Al Partido Liberal le hacen tremendo matoneo por haber concurrido a una consulta contemplada en la normatividad electoral, con el cuento del costo, y esos $40.000 millones los sacan en todas las intervenciones de los malquerientes del trapo rojo. Yo tuve reparos de tipo político a esa consulta pero no por el costo que es inherente a los procesos democráticos, que ninguno es gratuito para el Estado. La Registraduría convocó a los partidos que quisieran utilizarla. Solo quedamos los liberales y en un proceso limpio escogimos a Humberto de la Calle.
¿Cómo no va a ser mejor esa consulta que las tramposas firmas de los candidatos que apelaron a ese sistema? Y otra pregunta es lógica: ¿Cuánto costó a cada una de las campañas la recolección de firmas y cuánto costó al Estado, a través del ente electoral, la revisión de firmas, el cotejo con grafólogos, en fin, observar con lupa las 15 millones que le llegaron de los impolutos aspirantes a la presidencia?

Si aquí quedara algo de decencia política, el sedicente defensor de la moral y las buenas costumbres, el señor Alejandro Ordóñez, ya debía haber hecho mutis por el foro e irse a postrar ante la Virgen Santísima por esa horrenda farsa. Y lo mismo los otros próceres que pretenden llegar a la Casa de Nariño a punta de mentiras. Firmas que no sean auténticas es lo mismo que falsificar una en un cheque robado. El sistema perverso de la inscripción de candidatos por firmas debe eliminarse.

No he leído ni oído ninguna explicación de estos coleccionistas de autógrafos. Vale la pena saber qué opinan para que también los colombianos opinemos de la calidad de candidatos que usan esas artimañas. Si así actúan sin el Poder, que tal que lo alcancen.

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