La tragedia de Tucson

Enero 27, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Comentando en estos días con un amigo de la más exquisita derecha para quien Álvaro Uribe es la sumatoria de todas las virtudes conservadoras, la matanza de Tucson, Arizona, en donde un fanático disparó su pistola causando la muerte a seis personas e hiriendo otras catorce, entre las que se encuentra la congresista norteamericana Gabrielle Giffords, le dije que yo pensaba que esa tragedia era consecuencia de la campaña perversa que adelanta un sector del Partido Republicano contra los líderes demócratas, empezando por el presidente Obama.Eso que estás diciendo es inexacto, refutó mi contertulio pues es imposible que el “Viejo Partido” ande en esas. Por eso cayó como anillo al dedo para la discusión, la página web de la señora Sarah Palin, quien fuera fórmula vicepresidencial de John McCain en 2008, página en la que aparece un mapa de Estados Unidos con los nombres y circunscripciones de quienes la agresiva política consideró que había que derrotar en la pasada elección de Cámara y Senado.Hasta ahí no hay reparo. Pero cuando se observa que cada candidato demócrata aparece enfocado por una mira telescópica, el más sectario republicano tiene que aceptar que allí se estaba instigando a ejercer violencia contra esos candidatos, uno de los cuales era la señora Giffords quien al poco tiempo recibió un tiro en la cabeza del que ha sobrevivido milagrosamente.No es de ahora que ese sector republicano saca las garras, lo que pasa es que en estos días ha desempolvado el tal Tea Party que pretende convertirse en el ala más extrema de la derecha, capitaneada por la misma señora Palin, que seguramente pretende convertirse en la jefe del nuevo Ku Klux Klan, para señalar de herejes a quienes no comulgan con sus ideas extremistas.No es sino recordar el ambiente que creó esa derecha gringa en los tiempos de John F. Kennedy. El mismo día en que el Presidente llegó a Dallas el 22 de noviembre de 1963, la ciudad amaneció cubierta por carteles que lo mostraban de perfil y de frente con la frase “se busca”, al mejor estilo de las películas del Oeste. Era tal la campaña de difamación que contra Kennedy se adelantaba en el Sur de Estados Unidos, que Adlai Stevenson, su embajador en la ONU, le aconsejó que cancelara el viaje a Texas. Pudo más su valor que la prudencia y ese arrojo le costó la vida cuando el fanático Lee Harvey Oswald disparó los tres tiros de fusil que impactaron en el cerebro del líder demócrata.Y lo mismo con los asesinatos de Martin Luther King y de Robert Kennedy, víctimas de esas campañas feroces de odio que movieron a los asesinos a cometer esos crímenes que avergüenzan a la humanidad.En un hermoso discurso pronunciado en el McKale Memorial Center de Tucson, en homenaje a las víctimas, el presidente Obama ha pedido que se cambie el estilo agresivo de hacer política que se está usando en su país. No es posible que gente de la mezquina estatura moral de Sarah Palin pueda continuar en esa carrera de odios que produce dramas como el de Arizona. Y eso que Obama ha pedido también es válido para Colombia, en donde opinar diferente se ha convertido en crimen de lesa patria, en la que los dueños de la nueva moral se creen con derecho a ultrajar a quienes piensan de manera diferente.Tolerancia, por favor, allá y aquí. Si todos pensáramos igual sería muy aburrido. Del disenso es de donde salen las grandes decisiones nacionales.

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