La tesis de Gaviria

Febrero 26, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Lucio Quincio Cincinato fue un político romano que cuando el Imperio se veía en aprietos, el César de turno lo hacía llamar para que regresara de su retiro campestre al Senado para respaldar cualquier iniciativa oficial, o defender al régimen de un ataque de la oposición, que no debía ser muy indómita pues ya se sabe cómo aplicaba la justicia a los insurrectos, como la que aplicó Poncio Pilato a Jesucristo, en la que no hubo segunda instancia y al Hombre lo pasaportaron a la otra vida. Menos mal que tenía buen patrocinio y resucitó al tercer día, y ahí sigue tan campante al frente de su ejército, del que formo parte como católico practicante.Ahora el Cincinato de los gobiernos en problemas electorales o políticos es el ex presidente César Gaviria Trujillo, que lo mismo sirve para ganar unos comicios, como el último de Santos, que estaba más perdido que el hijo de Lindbergh, que para encontrar salida a un lío insoluble como ese de la justicia transicional, que es más fácil entender el off side, o fuera de lugar en fútbol, que llegar al meollo de esa aplicación de la ley a los “actores del conflicto”.César Gaviria que es un pragmático consumado no se va por las ramas sino directo al grano, como cualquier cafetero de Pereira. Cuando Uribe tenía todas las de ganar con su candidato de bolsillo Oscar Iván Zuluaga, que lanzaba toda suerte de sandeces contra Santos, Gaviria trinaba en la radio y en la televisión y les decía de todo al expresidente y al exalcalde de Pensilvania. En quince días Gaviria volteó la torta, pactó alianzas imposibles, convenció a los escépticos, y su pupilo presidente se quedó en la Casa de Nariño.En los días que corren, cuando el proceso de paz que el Gobierno adelanta en La Habana con las Farc llega al punto caliente -casi como una bomba de cien megatones al límite del estallido- pues todavía hay ingenuos que creen que a esos sujetos, que no han sido derrotados en combate, se les puede meter a la cárcel luego de que firmen el acta pacificadora. No están ni tibios. ‘Timochenko’ y sus muchachos prefieren regresar a matar zancudos a “las montañas de Colombia” que salir de Cuba para la prisión de Cómbita.Pero ahí aparece Gaviria con su fórmula, más efectiva que la penicilina: que la justicia transicional, con una adición aprobada por el Congreso, vía ley o reforma constitucional, determine que nadie que haya participado en la guerra desde un comienzo hasta el final, sufra castigo alguno. Más claro: que guerrilleros de todas las denominaciones; políticos de todos los partidos, empresarios agropecuarios, ganaderos o magnates de la gran industria, sean exonerados de toda responsabilidad en esta etapa atroz de la patria. Y que tengan la seguridad de que jamás serán perseguidos por fiscales y jueces, como pasó en Argentina, que luego de ser aprobada la “ley del punto final”, muchos altos oficiales fueron a dar a la cárcel, como el general Jorge Rafael Videla, que murió en prisión.Pienso que el senador Álvaro Uribe Vélez debe apoyar esta iniciativa que favorece a muchos de sus conmilitones que andan en tremendos apuros por haber tomado tinto con pandeyuca en las guaridas de los paramilitares cuando pretendieron todos juntos, de lo más sabroso, “refundar la patria”.Y el resto de colombianos tenemos el deber y la obligación de apoyar la tesis de Gaviria si queremos una paz cierta y duradera. Lo demás es paja.

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