La pasión de Cristo

La pasión de Cristo

Marzo 28, 2018 - 11:40 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Está ocurriendo un fenómeno curioso en la política colombiana y es que cualquiera que haya tenido mínima presencia en ese escenario se cree predestinado a ser Presidente de la República, lo que enseña que muchos han perdido el temor de caer en el ridículo. A mí me da pena ajena ver a tantos con esas ansias incontrolables de acceder a la primera magistratura de la Nación sin otro merecimiento que haber desempeñado algún puesto en la nómina oficial.

No entiendo que un ciudadano tan repudiado como el exprocurador Alejandro Ordóñez haya tenido la osadía de figurar en consulta para escoger candidato de la derecha, compitiendo con personas como Iván Duque, con el apoyo de Uribe, y Marta Lucía Ramírez, tan fogueada en la arena política por muchos años.

Para no hablar de nuestros paisanos vallecaucanos Ubeimar Delgado y Rubén Darío Lizarralde que fungieron – término atroz – como posibles candidatos de un partido lleno de títulos históricos como el Conservador. Y el mismo Carlos Caicedo, un buen alcalde de Santa Marta, que apenas le alcanzan los votos para ser gobernador del Magdalena. Quisiera, por respeto de género, no incluir a Viviane Morales, con sus cristianos a quienes tan mal les fue el 11 de marzo, cuando varios pastores quedaron sin su rebaño de dóciles ovejas.
Ahora los liberales tenemos tremendo lío con Juan Fernando Cristo, cuya pasión obsesiva por llegar a la Casa de Nariño lo ha llevado a cometer errores, que tan caro le costarán cuando vuelva a tener la ambición presidencial que lo sitúa al borde de un ataque de nervios. Para cumplir su irrealizable sueño, le ha dado por casar pelea con el ex presidente César Gaviria, a quien quiere sacar a sombrerazos de la dirección del partido, algo tan absurdo como cambiar un general en medio del combate, lo que no se le ocurriría ni a Trump en uno de sus más altos niveles de insania mental.

Cristo le ha causado un mal irreparable al liberalismo. Salir a decir en vísperas de unas elecciones decisivas para la colectividad que Gaviria le ha hecho más daño al Partido Liberal que Álvaro Uribe, es una insensatez imperdonable en un hombre al que su partido ha llevado a tan altas posiciones: senador, ministro de Estado, embajador en Grecia, en los que ciertamente cumplió bien sus funciones, pero esta salida en falso contra el jefe único le pasará factura en el futuro.

Estamos los católicos del mundo entero conmemorando la Pasión de Cristo, condenado y muerto en el Gólgota. En Colombia, los liberales estamos contemplando la pasión de Juan Fernando Cristo, quien sin pensar en las consecuencias ha asumido una conducta que desdice de quien se considera un dirigente liberal importante.

Ojalá recapacite, aun cuando estimo que hay daños irreparables, que no pueden quedar sin consecuencias. Ya habrá oportunidad de demostrárselo cuando le vuelva a picar la machaca de la aspiración presidencial y los liberales le recordemos su perversa conducta en la campaña de 2018.

Colombia debe adoptar una reforma constitucional que obligue a los partidos al escogimiento serio de sus candidatos, para que no tengamos esta feria de aspirantes sin condiciones para dirigir al país. Igualmente, se impone la terminación del voto preferente y de la circunscripción nacional para el Senado pues uno y otra son causas eficientes de la corrupción electoral. Y si el Congreso es reacio a su cambio extremo, no queda otro camino que convocar una constituyente.

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