La fórmula

La fórmula

Abril 14, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Tengo cuatro amigos con relación de más de 30 años, que ha podido sobrevivir a pesar del uribismo exacerbado de ellos y la postura crítica mía hacia el que juzgan ungido por los dioses para salvar la patria.La cordialidad no ha sido fácil pues Colombia entró en una etapa perversa de polarización en que solo hay blanco y negro, uribistas y antiuribistas, pues ya las antiguas diferencias entre liberales y conservadores son piezas de museo porque fueron desplazadas por la animosidad de Álvaro Uribe por el presidente Santos y viceversa, que se trasladó a los seguidores de ambos dirigentes.Yo que he pasado más de la mitad de la vida discutiendo sobre tesis opuestas en los estrados judiciales, en los que hay que presentar hechos y pruebas para buscar fallo favorable, llegué a la conclusión de que es imposible sostener intercambio de opiniones con los laderos del expresidente.Para ellos, Santos es un traidor de la talla de Judas, y su gobierno el peor de la historia colombiana. No aceptan los avances en infraestructura, ni los logros en educación con el exitoso programa ‘Ser pilo paga’, ni el buen manejo de la economía, que crece a tasa aceptable, ni el control de la inflación, que si bien es cierto depende del Emisor, la sana política oficial contribuye a que los precios no se hayan desbordado. Como no cabe discusión, inventé una fórmula para vivir en paz con mis amigos de esa nueva derecha que lidera el prócer antioqueño. Es simple: basta con aceptar que no se dieron los 5.000 ‘falsos positivos’ entre 2002 y 2008, en plena era uribista, cuando fueron asesinadas personas a quienes se les imputó el cuento infame de que eran guerrilleros, y una vez convertidas en cadáveres las vestían con uniformes de las Farc, y Uribe decía que “no andarían cogiendo café”.También hay que admitir que la reelección en 2006 no fue manchada por la compra de votos en el Congreso que la hicieron viable, tal el caso de Yidis Medina y los funcionarios del régimen que participaron del cohecho.Desde luego, hay que creer que los hijos del expresidente, los emprendedores Jerónimo y Tomás, no se beneficiaron con el decreto oficial de autorizar una zona franca en Mosquera, que valorizaba el terreno previamente adquirido por estos chicos, que son ejemplo de la creatividad criolla.Naturalmente, hay que convenir que se ha desatado inicua persecución judicial de carácter político contra los eximios servidores públicos de los ocho años del gobierno de la Seguridad Democrática. María del Pilar Hurtado, como jefa del DAS no propició las ‘chuzadas’ por las que ahora cumple condena. Los inmaculados Bernardo Moreno, Diego Palacio y Andrés Felipe Arias, ya condenados, son inocentes. Edmundo del Castillo y César Mauricio Velásquez no se reunieron en Casa de Nariño con el delincuente ‘Job’ para orquestar la forma de enlodar al magistrado Iván Velásquez, investigador de la parapolítica.Y, finalmente, hay que coincidir con el senador Alfredo Rangel del CD en que a la marcha del 2 de abril salieron 10 millones y que en Medellín según la mesurada Paloma Valencia, 250 mil. La Policía estima 82 mil en todo el país. Cualquiera de estas cifras es irrelevante porque en las democracias, así sean perfunctorias como la nuestra, las diferencias se resuelven con votos, y no entiendo que si Uribe puso en su ciudad la gente que dice Palomita, no haya ganado la alcaldía hace seis meses.

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