La de los ojos violetas

Marzo 31, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Se apagaron definitivamente los destellos luminosos de las pupilas violeta de Elizabeth Taylor, superviviente única que quedaba de la edad de oro del cine norteamericano en la segunda mitad del Siglo XX.Quienes asomamos a las pantallas de los viejos teatros, en mi caso a los amados Boyacá y Sarmiento de Tuluá, cuando contábamos años parecidos a los de esa niña preciosa de mirada deslumbrante que compartía los créditos con Lassie, la inteligente perra, en ‘La cadena invisible’, recordamos que nos puso a llorar y a reír. Desde entonces, todo fue una serie de triunfos en la vida de esta actriz precoz que fue creciendo en edad y en dominio de la escena, hasta alcanzar las cumbres supremas del mundo del cine.Vinieron luego películas estupendas, todavía haciendo papeles de jovencita: ‘Fuego de juventud’ y ‘Mujercitas’, que llenaban los teatros y también la cartera de esta chica de baja estatura corporal, que se crecía en cada rol que interpretaba.Hecha mujer, a los 18 años la pusieron a compartir el reparto con Robert Taylor, en el que la publicidad jugaba con el común apellido y con la noticia de que en esa película Elizabeth Taylor recibiría el primer beso cinematográfico del apuesto galán de ‘La dama de las camelias’.Con esa película se disparó la popularidad de la actriz inglesa, y empezaron a llegar otras en las que cada vez aparecía más bella y más completa como intérprete de papeles diversos. De aquel entonces cito –y la tengo en mi cinemateca– su actuación en ‘Ambiciones que matan’, con esa otra gloria del cine que fue Montgomery Clift, tempranamente fallecido en un accidente de tránsito, y uno de los mejores amigos de la señora Taylor.Luego en ‘Gigante’, al lado de Rock Hudson, hizo memorable papel. A propósito, al morir Hudson de sida, su amiga se convirtió en adalid de la lucha contra esa terrible enfermedad y dedicó buena parte de su fortuna para estimular la investigación y coadyuvar en el tratamiento de los enfermos afectados por el perverso mal.Todo el mundo vio ‘Cleopatra’, en cuya filmación surgió su amor por Richard Burton, con quien casó en dos oportunidades. Con el extraordinario actor británico filmó una de las grandes películas del cine: ‘Quién le teme a Virginia Woolf’, que le valió el premio Oscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Ya lo había ganado con ‘Butterfly 8’.A mi juicio la mejor película de Elizabeth Taylor es ‘La gata sobre el tejado caliente’, ese desgarrador drama de Tennessee Williams, dirigido por Richard Brooks, en la que acompañada de Paul Newman se eleva a la cima de su periplo actoral pues es imposible lograr una mejor interpretación de ese personaje, víctima de un marido impotente y borracho en medio de una familia descompuesta en el sur de los Estados Unidos.Fue notoria también su vida sentimental. Muy joven casó con el heredero de la cadena hotelera Hilton, y de allí sigue larga lista de cónyuges: Michael Wilding, Eddie Fisher, Mike Todd, Richard Burton, y ya anciana le dio por casar con hombres más jóvenes que ella.Con su figura azotada por la edad y la obesidad, cometió el error de aparecer en series televisivas como ‘Los Picapiedra’, seguramente en busca de ingresos no necesarios. Queda viva Lauren Bacall, la viuda de Humphrey Bogart. Con ella se cerrará, a su muerte, la lista de las mujeres que llenaron los sueños de tantos hombres, yo entre ellos.

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