La afición que murió

La afición que murió

Agosto 07, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Doy públicos agradecimientos -atrasados- a Alfredo Domínguez, presidente de Plaza de Toros de Cali S.A., por haber contratado a Miguel Ángel Perera, el diestro español que en la tarde del 30 de diciembre de 2013, en su segundo toro, ejecutó una de las mejores faenas que se hayan visto en Cañaveralejo. Fue increíble lo que hizo este torero con el astado de la ganadería de Ernesto González.La faena de Perera y las de El Fandi y Manzanares en la tercera de abono fue lo más rescatable de la temporada que, sin embargo, estuvo agradable pues los que asistimos salimos contentos, a pesar de que hubo toros más mansos que buenos. En fin, Domínguez logró realizar corridas aceptables.Lo que no consiguió fue llenar la plaza, y a pesar de que la nómina no fue costosa y pudo comprar los encierros a precios inferiores a los de temporadas anteriores, el resultado económico no resultó satisfactorio pues la única entrada notoria fue la del 28 de diciembre a la que asistimos 10.000 sobre un aforo de 16.000. En los otros cinco festejos, a ojo de buen cubero, vi menos de media plaza y el cemento a la vista era de muchos metros cuadrados.De modo que no éramos unos ineptos los miembros de la Fundación Plaza de Toros de Cali, arrendataria de Cañaveralejo hasta 2012, cuando traíamos figuras costosísimas como El Juli, Castella, Hermoso de Mendoza y Ponce a una misma temporada, y los resultados en dinero eran pésimos. Y cuando apelábamos a la contratación de toreros menos caros, el resultado era idéntico, con efectos demoledores sobre el balance.Así que el déficit no es por los que dirigen la fiesta del toro en Cali, llámense Eduardo Estela (q.e.p.d.) o Alfredo Domínguez, con sus respectivos miembros de junta, de la extinta Fundación o de la sociedad anónima.Cali, digámoslo de una vez, no tiene la misma afición de hace unos años, cuando la empresa vendía la totalidad del aforo desde febrero, y con esa caja en divisas contantes y sonantes, que rendían intereses, se podía dar el lujo de programar “la mejor temporada de América”, como con justicia se conocía la que se daba en Cañaveralejo.Al dejar de existir la costumbre del abono, solo unos pocos compramos desde febrero las entradas para diciembre, pero como ahora no somos más de tres mil abonados, si acaso, es un riesgo hacer presupuesto para la siguiente temporada pues no se puede asegurar que los asistentes llegarán al punto de equilibrio para no perder plata.Como los hechos son tozudos, juzgo que un empresario exitoso como Domínguez se siente incómodo de seguir al frente de una entidad que tiene como fin único programar corridas en la última semana de diciembre, que arrojan pérdidas cuantiosas, y entonces se preguntará si vale la pena tanto esfuerzo para divertir a los tres mil verdaderos aficionados que asistimos sin falta al lindo circo, que luce horrible con los tendidos vacíos. Ya compré mis abonos para este año.Tenemos la esperanza de que por fin la sociedad propietaria de todo el terreno en donde están las instalaciones de Cañaveralejo, obtenga la licencia correspondiente para vender el área de los parqueaderos a una firma extranjera que levantará un bello centro comercial sin afectar el entorno de la plaza de toros. Con ese dinero se haría un escenario para diversos espectáculos, corridas incluidas.De pronto, con esos recursos, un personaje extraordinario como Alfredo Domínguez pueda revivir una afición que está muerta.

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