Israel Moreno

Marzo 10, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Hace pocos días falleció en Tuluá uno de los mejores seres humanos que yo haya conocido en una vida que ya va siendo larga. Y digo que es una de las mejores personas con la que me haya topado, porque Israel Moreno Cruz tenía virtud tan escasa, sobre todo en política, que es la lealtad. Lealtad a la amistad, lealtad al Partido Liberal y lealtad a sus dirigentes.Conocí a Moreno Cruz cuando inicié actividad política en mi ciudad natal, por allá en 1966. Era él entonces aventajado estudiante de derecho, bien dirigido por su pariente, el doctor Vicente H. Cruz, magistrado del Tribunal Superior de Buga. Una vez obtenido el grado, Moreno ingresó al Movimiento de Revitalización Liberal que el autor de esta columna dirigía en Tuluá, y allí surgió una camaradería que sólo ahora con la muerte de Israel se ha suspendido, para retomarla cuando ambos nos encontremos en la otra dimensión.Esta fue una etapa en la que ambos nos dedicamos a darles espacio a nuevos dirigentes liberales y en una campaña en que enfrentamos a los viejos caciques regionales, logramos votos suficientes para elegir un senador, Carlos Holmes Trujillo Miranda, dos representantes a la Cámara, Néstor Urbano Tenorio y yo, y tres concejales en Tuluá. Con Israel recorrimos toda la geografía tulueña y andaluza y, por eso, se dieron tan buenos resultados. Moreno Cruz dedicó la mitad de su vida al ejercicio profesional y buena parte de la otra a la Universidad Central del Valle, que de una modesta escuela de derecho en sus inicios, se convirtió en una gran universidad que ha sido la solución para la muchachada de esa zona del Departamento. Son muchas las carreras que allí se cursan y ha alcanzado un nivel académico reconocido por las entidades estatales que lo avalan.Israel solía venir a Cali por razón de sus ocupaciones y de vez en cuando acudía a mi oficina para hablar de temas generales, pero especialmente conversábamos de política pues éste era el asunto que a ambos más interesaba. Como pertenecíamos a entidades directivas del liberalismo, él en el directorio municipal de Tuluá y yo en el departamental del Valle, se nos iban las horas hablando sobre la tarea que debía adelantar el Partido Liberal para recuperar las mayorías populares que fueron suyas por tantos años. Nos interesaba pensar en el tema de la juventud, que Moreno conocía de cerca por su oficio rectoral, y cómo podía el partido vincular a la gente joven a sus cuadros. Moreno insistía en que el liberalismo había abandonado la universidad y que allí estaba el semillero para recuperar el liderazgo de la colectividad.Desde luego, conversábamos también de Tuluá y de Andalucía, esta última población patria chica de Israel, y nos alegrábamos del desarrollo que ambas han tenido en los últimos tiempos, especialmente Tuluá cuyo movimiento comercial es extraordinario, y Andalucía con su pujante sector rural.Una terrible enfermedad hizo presa de Israel el año pasado y en pocos meses fue minando su organismo hasta el desenlace fatal. Nunca le observé decaído y conservó hasta el último momento la esperanza en su recuperación. Inclusive me habló de viajar a España en donde vive una de sus hijas. La muerte frustró esa esperanza.Me duele la muerte de este hombre incomparable, que era un referente de su gente que lo distinguía como uno de sus mejores ciudadanos. A su familia le expreso el sentimiento de mi consternación y de mi pena.

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