Hombre de paz

Hombre de paz

Agosto 30, 2017 - 11:40 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

No he cruzado nunca dos palabras con Sergio Jaramillo Caro, ni lo he visto en persona jamás. Pero su imagen física está grabada en mi memoria porque ha sido protagonista de alto coturno en la consecución del Acuerdo de Paz de La Habana, pues si bien es cierto que el presidente Santos y Humberto de la Calle fueron los comandantes de ese accidentado proceso, Jaramillo fue el arquitecto y, si se quiere, el maestro de obra de un edificio que muchos creyeron que no se levantaría y que, de levantarse, se desplomaría como el Blas de Lezo en Cartagena.

Jaramillo, alto comisionado de Paz de Santos durante siete años, ya había intentado por orden de Álvaro Uribe iniciar conversaciones con las Farc que no fructificaron porque Uribe consideraba mejor la solución militar que la política pues no aceptaba que Colombia sufriera un conflicto armado y que lo que teníamos era un grupo de facinerosos que podía vencerse con las armas oficiales.

Juan Manuel Santos, una vez elegido, entendió que por ahí no era la cosa y resolvió jugar su capital político al proponer una negociación con esa sanguinaria guerrilla, con agenda precisa y no vaga como la del Caguán de Pastrana. Dispuso que Jaramillo buscara la forma de sentar a la cúpula insurgente, y en Oslo, en medio de la altanería de ‘Iván Márquez’, se dio inicio a la etapa pública del proceso, y Santos designó a De la Calle como jefe de los negociadores del Gobierno que se sentarían a discutir la agenda en La Habana, que fue la sede de los encuentros.

Si Humberto de la Calle fue la cabeza visible de los compromisarios, Jaramillo fue el encargado de redactar el borrador de lo que iba saliendo de la mesa, con unos contradictores que no estaban en Cuba como insurgentes derrotados, sino como combatientes a los que el Estado no había podido sojuzgar en 50 años de lucha porque 10 mil tenían en jaque a 500 mil soldados y policías de Colombia.

Lo que sucedió en Cuba es el hecho más importante vivido por Colombia en el último siglo, y los que no aceptan esa realidad es porque Álvaro Uribe ha logrado envenenar el ambiente a punta de mentiras sin cuenta como la de decir que el Acuerdo es la entrega total del país al ‘castrochavismo’.

Sergio Jaramillo no solamente iba y venía entre Bogotá y la bella capital de la isla, sino que le correspondió atender el frente político en Colombia, tratando de explicar la conveniencia de terminar la conflagración y demostrar que no se entregaría ni la soberanía nacional, ni nuestro sistema económico, ni nuestra perfunctoria democracia.
Es de admirar la tranquilidad de Jaramillo. Jamás se salió de sus casillas, ni allá ni aquí. No es fácil tratar de negociar con unos sujetos acostumbrados a solucionar los desacuerdos a plomo, ni persuadir a una sociedad escéptica como la criolla, que fue capaz de imponer el No en el plebiscito.

Luego del desastre del 2 de octubre de 2016, se crecieron Santos, De la Calle y Jaramillo, y lograron convencer a las Farc de que el arduo trabajo de cinco años no se había perdido del todo y que podía recomponerse, como en efecto se hizo, con el apoyo del Congreso que validó el texto con las modificaciones sugeridas por los opositores.

Ahora Jaramillo fue nombrado por Santos embajador ante la Unión Europea en Bruselas y en ese alto cargo seguirá colaborando en la implementación de los acuerdos. Definitivamente es un hombre de paz, con gran futuro en la política nacional.

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