Hernando Agudelo

Agosto 12, 2010 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Para esta noche la Sociedad Económica de Amigos del País había programado homenaje nacional al presidente de esa institución, Hernando Agudelo Villa, y en ese acto se le impondría la Orden ‘Carlos Lleras Restrepo’ en el grado de Comendador. Infortunadamente, el doctor Agudelo falleció el 29 de julio en Bogotá.Juzgo que en la otra dimensión el ex presidente Lleras Restrepo se sentía muy complacido de que Agudelo Villa presidiera por muchos años la Seap, que fundó Lleras en 1956, y que la orden que lleva su nombre se hubiera entregado a uno de sus más fieles seguidores. Uno de mis mayores orgullos es que mi nombre aparezca como miembro de esa sociedad, a la que me vinculé en mis años de estudiante de derecho.Alguna vez escribí en esta columna, y ahora lo repito, que los colombianos le quedamos debiendo presidencia a Agudelo Villa pues pocos dirigentes ha dado este país que puedan compararse con la capacidad intelectual y con las dotes de hombre de Estado que adornaban su personalidad.Presidente de Fenalco, concejal de Medellín y Tuluá, representante a la Cámara, senador, director regional del Banco Interamericano de Desarrollo, Ministro de Hacienda y de Desarrollo, miembro del Comité de la Alianza para el Progreso en Washington, Embajador ante las Agencias de Naciones Unidas en Roma, en la hoja de vida de este insigne antioqueño sólo faltó la credencial de Presidente de la República.Agudelo estaba predestinado a ocupar esa posición, pero el colapso democrático que sufrió Colombia a mediados del Siglo XX impidió que hombres de su talla política llegaran al poder. Sin embargo, el presidente Alberto Lleras Camargo lo rescató y al hacerlo Ministro de Hacienda el país se dio cuenta de la calidad de hacendista de este varón singular, a quien conocí en esa época pues se casó con una dama tulueña de raíces familiares próximas a las mías.Al llegar yo a la actividad política tuve la oportunidad feliz de acercarme a Agudelo pues lo acompañé en la creación del movimiento que llamamos de ‘La Ceja’ porque en ese municipio antioqueño se inició la actividad capitaneada por Agudelo para rescatar la ideología liberal y darle así a la colectividad un aire moderno, acorde con los nuevos tiempos. Se hicieron ‘encuentros liberales’ en Bogotá, en Pasto, en Santafé de Antioquia y otras ciudades del país, con los que se logró insuflar una mística fervorosa al Partido Liberal.El clientelismo vigente entonces en el partido impidió que se incorporaran a los estatutos las sensatas conclusiones de esos ‘encuentros’. Pero Agudelo no se dio por vencido y se propuso escribir libros y ensayos sobre lo que él entendía como deberes del liberalismo con Colombia, y creo que su supervivencia se debe en gran parte a este aporte ideológico.Vinculado a Tuluá por la razón familiar dicha, le propuse que aceptara que su nombre fuese incluido en la lista de candidatos liberales al Concejo Municipal, y resultó elegido. Yo fui su suplente y ambos pretendimos hacer los mejores acuerdos en beneficio del pueblo tulueño.Retirado de la política activa, Agudelo Villa dedicó todos sus esfuerzos a la Seap, y desde allí produjo importantes documentos que recogen lo mejor del pensamiento liberal.Estaba listo a viajar a Bogotá para asistir al homenaje que se le rendiría a Agudelo, con el propósito de expresarle mi gratitud y mi reconocimiento por una vida que siempre estuvo al servicio del partido y de Colombia. Que Dios lo tenga a su lado, en donde merece estar.

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