Gente

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Julio 08, 2010 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Falta un mes –eterno– para que Álvaro Uribe salga de la Casa de Nariño, pero ya se siente en Colombia un ambiente menos pugnaz y más amable pues algo va de un hombre bien educado a una persona desabrochada en el actuar y en el hablar para quien todo aquel que disienta de sus políticas de gobierno es tildado de narcoterrorista.Juan Manuel Santos ya empezó a trazar la línea que señala el deslinde con Uribe. La reunión con los presidentes de las Altas Cortes es muy diciente pues se produjo a una semana de que los magistrados afirmaran que no veían posible sentarse en la misma mesa con Uribe por las desobligantes palabras suyas contra ellos. Estoy seguro de que pronto se elegirá el Fiscal General de la Nación.Las reuniones con el jefe del Partido Liberal, Rafael Pardo, y con el candidato del Polo Democrático, Gustavo Petro, indican que para Santos quedaron atrás los tiempos del odio que envenenaron el país por cuenta de las recónditas malquerencias del actual Presidente. La unidad nacional propuesta por el Presidente electo no es un simple trámite para designar funcionarios. Es acoger como propias las iniciativas de los contrarios para buscar lo mejor para Colombia pues en todos los campos de la política hay ideas admisibles que pueden servir para el buen gobierno al lograr que de las tesis y de las antítesis salga una buena síntesis.Santos, estoy cierto, le devolverá a la Presidencia toda la majestad que requiere y que le otorga la Constitución. Uribe olvidó que el presidente es el símbolo de la unidad nacional, es decir, de todo el pueblo colombiano y no de un mezquino grupo. Los presidentes de la República deben dar ejemplo de conducta pues todos sus actos están sujetos al escrutinio diario de sus conciudadanos, hayan o no votado por ellos.Ninguno de los ocho jefes de Estado de los que yo tengo memoria ha utilizado un lenguaje tan soez como el que Uribe emplea contra sus adversarios. Nadie imagina a Alberto Lleras, o a Mariano Ospina, o a Misael Pastrana diciéndole ‘marica’ a un interlocutor, ni ofendiendo con palabras extraídas de la zona de tolerancia del diccionario a un ex presidente de la República por haber expresado críticas fundadas contra su Gobierno.Cuando uno ve en la cárcel a Yidis Medina y a Teodolindo Avendaño por haberse prestado a la burda maniobra para que pasara la primera reelección en la Cámara, o cuando uno ve a ese oscuro personaje que es Luis Guillermo Giraldo negociando con la Justicia sentencia anticipada por los delitos de falsedad ideológica y fraude procesal cometidos para la recolección de firmas para el referendo que permitiera la segunda reelección, no entiende cómo Álvaro Uribe, beneficiario directo de esas movidas violatorias del Código Penal, puede salir como héroe, según el montaje fotográfico en que aparece vestido de General, parecido a Bolívar.Santos tiene que cambiar todo ese estilo de fonda montañera que se acomodó en el poder. Empezando por el idioma y siguiendo por la conducta personal del Presidente, que es el jefe del Estado y el jefe del Gobierno. Para que todos volvamos a sentir respeto por esa institución de tanta importancia en la vida del país.Manuelito Gutiérrez, viejo líder del Partido Liberal y mi amigo de todas las horas, resuelve con una palabra la diferencia entre Santos y Uribe: “Es que Santos es gente”.

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