Frente contra el terrorismo

Agosto 09, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Es indudable que en el Club El Nogal de Bogotá –inexplicablemente facilitado para un acto político– en donde se rindió tributo de solidaridad a Fernando Londoño, flotaba el alma –no sé si bendita– de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange española, que fue el tenebroso brazo político en el que se apoyó el generalísimo Francisco Franco, primero para apoderarse del gobierno y luego para sostener su férrea dictadura por 37 años.Digo que el espíritu de José Antonio se hizo presente en la cita de El Nogal pues lo que allí hubo fue el surgimiento de un partido de extrema derecha, capitaneado por Álvaro Uribe Vélez, de donde resulta imposible entender que haya colombianos que aún siguen embelesados por una persona a quien los intereses de la patria importan poco y anda en el plan de crearle problemas al Gobierno, únicamente porque Juan Manuel Santos no se convirtió en su obsecuente lacayo, como son los del séquito que le rodea.Ya el membrete del movimiento es una incitación a la reyerta pues con las palabras no se puede jugar, porque ese nombre significa que los que no se matriculen en el tal Frente, son unos terroristas a los que hay que combatir. Quiere ello decir que la gran mayoría de los colombianos que no comulga con la posición de Uribe seremos equiparados con los enemigos de la patria, y hasta allá no podemos permitir que el amo de El Ubérrimo se arrogue el derecho de calificar a sus compatriotas de delincuentes y no delincuentes. Yo soy el primero en rechazar esa dicotomía perversa.Tengo la sensación de que se asustaron con la reacción que tuvo la gente ante la convocatoria pues lo de ‘Frente contra el terrorismo’ fue cambiado por el angelical ‘Puro Centro Democrático’, que tampoco dice nada, pues hablar de pureza cuando frecuentemente desfilan los jerarcas uribistas hacia las cárceles, no deja de ser una ironía. Sería bueno que los enceguecidos parciales de Uribe, esos que todavía piensan en el retorno de su líder al poder, reflexionaran y concluyeran en que un jefe de gobierno que fue capaz de manejar el país con esos sujetos, no tiene derecho a esperar de nuevo el favor popular.Que Uribe escriba sus memorias, que dicte conferencias en el exterior con ese inglés suyo que da grima escucharlo, que haga locuras como esas de arengar a los venezolanos contra Chávez en Cúcuta y Maicao, que es una atrevida intervención en asuntos extranjeros, comprometiendo lo que se ha logrado en el mejoramiento de las relaciones con los vecinos, todo eso pase. Pero que pretenda buscar la recuperación del poder perdido para continuar su política de odio, es algo que los colombianos no podemos admitir.Entonces, no nos dejemos engañar. Frente contra el terrorismo o ‘Puro Centro Democrático’, son una misma concepción política que pretende lograr una Asamblea Constituyente para que se derogue la imposibilidad que tiene Uribe de volver a la Casa de Nariño. Ese es el juego en el que están. Ahí no hay nada patriótico. Allí no hay nada de salvación nacional. Es el juego larvado de la megalomanía de una persona que se convenció de que sin ella no tiene Colombia redención posible.Y en ese sueño totalitario están comprometidos Uribe, José Obdulio Gaviria y Fernando Londoño Hoyos. Por eso los colombianos tenemos la obligación de hacer lo que el sistema democrático nos permita para evitar que se salgan con la suya.

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