Fernando Hinestrosa

Marzo 22, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

La muerte del doctor Fernando Hinestrosa Forero, rector de la Universidad Externado de Colombia, ocurrida en Bogotá el 10 de marzo, se lleva un trozo grande de mi vida, tan inextricablemente unida a la de este varón ejemplar, pues desde el primer día de mi llegada al claustro a cursar la carrera de derecho se inició entre ambos una cercanía que el correr de los años hizo más estrecha.Cuando entré por primera vez a la facultad de derecho, en ese entonces única carrera que se cursaba en el viejo edificio de la Carrera 16 No. 24-45 del Barrio Santafé, hoy tan desprestigiado, vi a un profesor con cara de muchacho – 24 años – que dictaba la cátedra de Obligaciones a los estudiantes de Tercero, y cuando llegué a ese curso, dos años después, enfrenté la seriedad de Hinestrosa que pretendía aparentar más edad detrás de sus gafas de miope y de fumador impenitente. Era, desde luego, una materia compleja pues Hinestrosa la apoyaba en los grandes tratadistas italianos del momento. Aún conservo en copias mimeografiadas esas conferencias, con los apuntes al margen que les hacía este proyecto de abogado.Al terminar la carrera, mejor dicho, al concluir el quinto curso, regresé a Tuluá y fui nombrado juez promiscuo municipal de Buga, en donde a los pocos meses fui ascendido juez penal de circuito, y, generosamente, el Tribunal me dijo que si me graduaba antes de diciembre, me elegiría juez primero superior del distrito.Simultáneamente con los exámenes preparatorios yo había redactado la tesis de grado sobre ‘Acción Civil’, y le pedí al doctor Hinestrosa que fuera presidente de tesis, lo cual aceptó y el día del grado, su padre, a la sazón rector del Externado, el maestro Ricardo Hinestrosa Daza, me hizo entrega del flamante diploma que me acreditaba de doctor en derecho y ciencias políticas y sociales. Por la noche hubo celebración en un restaurante bogotano y allí estuvieron presentes el doctor Hinestrosa, los examinadores y otros veinte amigos y parientes.Siempre atento Hinestrosa a los aconteceres de mi familia y a mi actividad política, durante mi tránsito por el Congreso – Cámara y Senado – recibí atinados consejos, y en mi ejercicio profesional más de una vez acudí en busca de un concepto jurídico suyo, que lo rendía acertado y oportuno. Hubo negocios profesionales que llevamos en compañía, y en un importante pleito que adelantaba en Palmira me sustituyó el poder cuando marchó a la embajada ante el Vaticano.Hace nueve años, cuando murió mi hijo Fernando, me postuló para presidir la Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad, cargo que aún ocupo y del que no me dejó retirar a pesar de mis constantes peticiones.Ha muerto uno de los grandes de Colombia, paradigma de lo que debe ser un abogado, un maestro, un ciudadano, un guía de juventudes. Se fue de este mundo pero ahí queda su obra en ese espléndido Externado, bastión de la libertad desde su fundación en 1886.Su familia sabe que su pena es la mía, y que en mi espíritu queda un vacío inmenso imposible de llenar. Colombia pierde a uno de sus hijos más ilustres, que la honró en la Corte Suprema de Justicia, en el gabinete ministerial, en la diplomacia y en la cátedra.Mañana viernes a las 6:45 p.m., en la Parroquia de Santa Teresita se oficiará misa por su alma, a la que están invitados los externadistas del Valle y los amigos del doctor Hinestrosa.

VER COMENTARIOS
Columnistas