Fármacos caros

Marzo 05, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

He sido hombre de buena salud, y próximo a cumplir 80 años, me considero, gracias a Dios, en óptimas condiciones físicas. Desde luego, visito a los médicos con frecuencia y sigo sus instrucciones. Hago dos horas de ejercicio todos los días, una por la mañana en gimnasio propio y otra por la tarde caminando -no nadando- en piscina.Los amigos con quienes comparto momentos agradables como el encuentro semanal en la ‘mesa liberal’ o en el póquer de los martes, me dicen que el único deporte que practican es levantar los cubiertos o las cartas, y cuando les reprocho el sedentarismo, alegan que les da pereza el ejercicio, porque “yapaqué”.Pues sí. Quedan pocos años por delante pero es mejor pasarlos sin sobrepeso y con triglicéridos y colesterol controlados, mermando azúcar y carbohidratos. Haciendo gran esfuerzo dejé el dulce y solo caigo en la tentación ante un manjarblanco que compro en Buga y que Soffy Arboleda, que sabe mucho de viandas, juzga que es el mejor que haya probado.Desde muchacho he tenido problemas con los ojos y uso lentes desde que estaba en la universidad. Siempre con alguna molestia, ardor, enrojecimiento, causados por la resequedad que produce la carencia de lágrimas, o sea que de llanto, poco. Pero esa sintomatología es molesta pues obliga a echar sobre ‘las vistas’, como dicen en Armenia, lágrimas artificiales que traen alivio. Estoy al día en los últimos productos de las multinacionales farmacéuticas y compro lo que vaya apareciendo en lubricación ocular.He pasado por casi todos los oftalmólogos de Cali, la mayoría excelentes. En mis épocas de estudiante en Bogotá me vieron Jorge Díaz e Ignacio Barraquer, dos sabios. Y aproveché un viaje a Cuba para que me examinaran en el magnífico Centro de Retinosis Pigmentaria ‘Camilo Cienfuegos’, en donde descartaron la operación de mácula que me había programado un médico caleño.Hace rato largo estoy en manos de dos médicas que han ganado mi reconocimiento perenne: las doctoras María Mercedes Acevedo Velasco, que controla las molestias externas, y la doctora Mónica Quevedo Celsi que vela para que la presión intraocular se mantenga estable y no aparezca el temible glaucoma.Y aquí viene el cuento. Para el ojo seco prescribe la doctora Acevedo Modusik-A, y para la presión, la doctora Quevedo manda Combigan. De cada uno de estos colirios, una gota en cada ojo dos veces diarias. Modusik-A cuesta en Cali $150.100.oo y Combigan $ 107.900.oo. Cada frasco gotero dura un mes y tengo que instilarlos permanentemente.Ahora que estuve en Lima se me ocurrió entrar a una de las droguerías de la cadena Inkafarma, y allí compré el Modusik-A por US $35 equivalentes a $ 77.000.oo colombianos, una diferencia de $ 73.100.oo, y el Combigan US $ 31 que se convierten en $ 68.000.oo, para una diferencia de $39.600.oo.Es increíble que unas mismas drogas, ambas de los mismos laboratorios y con el mismo contenido cuesten en Colombia el doble de lo que valen en Perú. Y en Ecuador son más baratas.Como se promulgó la Ley Estatutaria de Salud, sería bueno que se estudiara con cuidado el costo de los medicamentos pues no puede ser que en tres países limítrofes, en uno de ellos se atraque a los pacientes con esos precios exorbitantes. Tengo la factura por si alguien quiere verla.El amigo que vaya a Lima o a Quito, que avise, para hacerle el encargo, no bugueño sino tulueño, es decir, plata en mano.

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