El último genio

Diciembre 17, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Es una de las personas más conocidas por el mundo entero. No creo que haya alguien que no lo admire, algunos hasta la idolatría. Aun su vida sentimental, tan agitada y con escándalos surtidos, es bien vista hasta por los mojigatos. Juzgo que el mismo procurador Ordóñez ve con benevolencia el periplo amoroso de este varón excepcional a quien Dios le dio la gracia asombrosa para llevar a las pantallas de los cines esas obras maestras, en las que prácticamente hace todo: dirige, actúa, produce, redacta el guión, compone la música y, por lo general termina en tórrido romance con la actriz principal.A propósito, la pasión que este ciudadano norteamericano y judío, de ascendencia rusa, despierta en las mujeres que convoca al reparto de sus cintas, hace que ellas se conviertan en estrellas porque tan pronto salen del ‘set’ al finalizar la filmación, se vuelven celebridades a quienes les llueven nuevos y jugosos contratos. Así sucedió con Diane Keaton, quien de actriz secundaria en la primera parte de esa saga magistral que es El Padrino, la cogió este genio, la incluyó en el reparto de Annie Hall, que le valió Oscar por su actuación, y luego la incorporó a Manhattan, según los entendidos la mejor película de Woody Allen. E igual pasó con Mia Farrow con cuya hija adoptiva terminó casado, y de ahí no se ha movido.Bueno, al fin doy el nombre completo del genio que motiva esta columna y quien acaba de cumplir 80 años, 50 de los cuales ha dedicado a la creación cinematográfica. En el programa de opinión ‘Hablemos ya’, que se transmite por el Canal 14, los martes en la noche, en el que intervengo ocasionalmente, su director Carlos H. Andrade lanzó una frase feliz: “Hasta la peor película de Woody Allen es estupenda”.Y de verdad tiene razón el doctor Andrade. Allen no tiene película mala, desde luego, unas mejores que otras pero todas de altísima categoría, porque aparte del humor cáustico que traen los diálogos, que no causan carcajadas sino sonrisas, que es la medida del verdadero humor, tiene la inmensa capacidad de que actores y actrices hagan lo que el director desea llevar a los espectadores.Buena parte de sus películas se desarrollan, no en Nueva York, que es diferente, sino en Manhattan, que si bien hace parte de la Gran Manzana, tiene propia personalidad. Bien lo dijo Julio Sánchez Cristo: “Woody Allen no es neoyorquino sino manhattaniano”, porque nadie como él ha logrado captar en imágenes la vida de esta fantástica isla que es el corazón del mundo.El escritor español Natalio Grueso acaba de publicar una extensa biografía ‘Woody Allen, el último genio’, que vale la pena leer pues es muy completa y se ajusta a la realidad de una vida que dejará huella en la historia de la cinematografía.Con motivo del octogésimo cumpleaños de Allen, he sacado todas sus películas que guardo en mi cinemateca, y si alguien me pregunta cuál es mi preferida, me vería en aprietos para responder, porque cómo hace uno para descartar “Todo lo que usted quería saber sobre el sexo y temía preguntar”, o esa otra maravilla que es “La rosa púrpura de El Cairo”. Si se me obligase a escoger una me quedo con ‘Medianoche en París’. La última que llegó a Cali ‘El hombre Irracional’, ya no comedia sino tremendo drama tipo Alfred Hitchcock, es fuera de serie.Que Dios lo conserve muchos años más para deleite de los amantes del buen cine, como el suyo, que es perfecto.

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