El Tiempo

Febrero 03, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

El domingo último, el periódico El Tiempo cumplió 100 años de su fundación en 1911, cuando Alfonso Villegas Restrepo resolvió sacar un periódico para defender el gobierno de la Unión Republicana que presidía Carlos E. Restrepo.Dos años después, en 1913, Villegas vendió el periódico al doctor Eduardo Santos, su cuñado, que pagó $5.000 y se impuso hacer del suyo el gran periódico nacional y convertirlo en el vocero del Partido Liberal.Vinculó a los mejores escritores de la época, colombianos y extranjeros, y día a día El Tiempo fue logrando cautivar el aprecio de los colombianos que lo llevaron a ser referente de la vida política del país, al punto que llegó a decirse que alguien no estaba verdaderamente muerto si su nombre no aparecía en el obituario, y que nadie estaba casado si la boda no era registrada en la página social.Una anécdota ilustra el peso del periódico. Iba el doctor Absalón Fernández de Soto –vallecaucano ilustre– por la Carrera Séptima de Bogotá cuando topó con un amigo con el que trabó este pequeño diálogo: - Doctor Absa, le cuento que acabo de ser nombrado ministro de Trabajo.- ¿Ya el presidente López firmó el decreto?- Sí, doctor.- ¿Ya apareció el decreto en el Diario Oficial? - Sí, doctor, aquí tengo un ejemplar.- ¿Ya apareció la noticia de su nombramiento en El Tiempo?- No, doctor, no ha sido publicada.- Entonces, querido amigo, se le embolató el nombramiento.Lo anterior que suena a chiste, en el fondo encierra una verdad inconcusa, y es que El Tiempo ejercía una especie de magistratura, acatada por todos, incluyendo los conservadores, cuyo periódico, El Siglo, jamás pudo lograr la penetración del diario de Santos.Era tal la fuerza de su rotativa que Eduardo Santos llegó a la Presidencia de la República, no tanto por sus dotes indudables de estadista, sino por lo que representaba su empresa, que durante la vida de su propietario se dedicó exclusivamente a informar y orientar. Santos se ufanaba de su independencia al asegurar que el periódico no tenía acciones comerciales de ninguna naturaleza, ni se dedicaba a negocios diferentes al de ser simplemente un periódico.Como antes dije, El Tiempo fue por muchos años el intérprete de las ideas liberales y del partido que las prohija. Esa fue para mí la edad de oro del diario pues cuando abandonó el tinte partidista, se convirtió en un periódico neutral, incoloro e insaboro, y se dice que de los tibios, líbranos Señor.Hoy El Tiempo sigue siendo el más leído de los diarios nacionales y ahora está en múltiples negocios. Hace poco, sus accionistas, afortunados herederos de Eduardo Santos, incluido nuestro admirado Presidente, vendieron las acciones al grupo español Planeta, que controla el 55% del interés social, junto con otros magnates como Luis Carlos Sarmiento, que tiene el 10%.Como yo de cierta manera aprendí a leer en las páginas de El Tiempo y después le leía en voz alta al abuelo las columnas de Calibán y de Sanín Cano, guardo profundo afecto por el periódico, que ahora es distinto hasta en su presentación, que poco me agrada.Hay que felicitarlo por estos primeros 100 años. Estoy seguro que cumplirá muchos más pues tiene inmensa fortaleza financiera, y todavía hay gente que se deja guiar por sus notas editoriales. Y los uribistas ascienden a espacios celestiales leyendo a esos próceres de la decencia nacional que son Fernando Londoño y José Obdulio Gaviria.

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