El santismo redivivo

El santismo redivivo

Agosto 26, 2010 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

En esa etapa registrada por la historia política colombiana como ‘República Liberal’, hubo dos tendencias claramente definidas, una que hoy llamaríamos de izquierda moderada y otra que cabría en el molde del centro izquierda, la primera orientada por Alfonso López Pumarejo y la otra por Eduardo Santos Montejo, dos líderes que ocuparon la Presidencia gracias al fervor que ambos despertaron en el corazón del pueblo.Rampante el primero, de quien Alberto Lleras dijo en frase memorable del discurso en el sepelio de López que “vivió y murió en acre olor de tempestad”. Nada más exacto. López fue el artífice del triunfo liberal con Olaya en 1930 luego de 45 años de hegemonía conservadora y llegó a la presidencia en 1934 con un programa verdaderamente revolucionario que plasmó en la reforma a la Constitución de 1886, para incorporar principios liberales como la intervención del Estado en la economía, el derecho de huelga salvo en los servicios públicos, y otros tan importantes que pusieron a Colombia en la órbita del Siglo XX pues hasta entonces vivía molondramente en el XIX, gobernada por gramáticos que pensaban más en el participio que en la participación popular en los destinos del país.Después de esa etapa convulsionada en la que la oposición conservadora, capitaneada por Laureano Gómez no cejaba en sus intentos de entorpecer la ‘Revolución en marcha’ de López, vino el ascenso de Eduardo Santos al gobierno quien, menos beligerante que su antecesor, tenía hondo arraigo en el alma de los liberales pues su periódico El Tiempo fue una catapulta diaria contra la muralla de la hegemonía. En ese medio surgieron los grandes columnistas quienes con Ricardo Rendón y sus demoledoras caricaturas, hicieron posible que Olaya Herrera triunfara en medio de la división conservadora entre el poeta Guillermo Valencia y el general Alfredo Vásquez Cobo.Santos significó una pausa pues su estilo conciliador le permitió adelantar una administración amable que no despertó las terribles animosidades de López, quien al volver al poder en 1942 tuvo que renunciar pues la derecha hirsuta hizo “invivible la República”, como lo proclamaba su jefe máximo.Debo confesar que yo crecí en medio del ‘santismo’ familiar pues mi padre, con su amigo íntimo Alonso Aragón Quintero, a la sazón gobernador del Valle, eran dirigentes de esa corriente de opinión en este departamento, al punto de que el presidente Santos y su esposa Lorencita Villegas pasaron unos días de descanso en ‘La Margarita’, la finca de la familia Restrepo en Tuluá.Por ser conocedor de primera mano de ese estilo de gobierno impuesto por Eduardo Santos, se me antoja que Juan Manuel Santos está transitando el mismo camino de su tío abuelo porque luego de ese continuo estado de guerra en que mantuvo Uribe a Colombia, tanto con la guerrilla como con la oposición, este nuevo Santos muestra una faceta conciliadora y cordial, similar a la que tuvo en su gobierno el propietario de El Tiempo.Como dice mi asesor político Manuelito Gutiérrez, si uno analiza el gobierno de Álvaro Uribe concluye que fue de nítida orientación conservadora pues su accionar estaba dirigido a la seguridad, en tanto que el de Juan Manuel busca el fortalecimiento de las instituciones democráticas y la redistribución del ingreso, que son tesis liberales, lo que demuestra que el Presidente es de la misma estirpe ideológica iniciada por Vicente Azuero y Francisco Soto.

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