El proceso cubano

El proceso cubano

Septiembre 17, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Las veces que he estado en La Habana, siempre me llamó la atención el imponente edificio situado en el malecón, donde se estrellan las olas del mar Caribe. Era la Embajada de Estados Unidos, que dejó de ser tal en enero de 1961 cuando el presidente Eisenhower rompió relaciones diplomáticas con el régimen de Fidel Castro con motivo de la nacionalización de empresas norteamericanas que había emprendido el gobierno socialista.En ese edificio funcionó desde entonces una agencia gringa que tramitaba las pocas visas que otorgaba a quienes el gobierno de la isla autorizaba viajar a Estados Unidos. También desempeñaba mínimas funciones comerciales porque no había intercambio de bienes entre ambos países.A quienes la vida nos ha dado ocasión de ser testigos del proceso cubano desde cuando Fidel Castro y su pequeño grupo insurgente inició la lucha en Sierra Maestra en 1956 al saltar del buque Granma -que se exhibe en La Habana- y dieron lugar a una aventura bélica que fue seguida por el mundo entero hasta culminar con el triunfo el 1 de enero de 1959 fecha en la que el dictador Fulgencio Batista abandonó el poder, podemos decir que si Estados Unidos hubiese manejado el asunto con menos torpeza, otra sería la historia, que puso a la humanidad al borde de la conflagración nuclear al descubrir aviones norteamericanos los misiles soviéticos emplazados en Cuba.En esa semana de octubre de 1962 todos creímos que el presidente Kennedy lanzaría bomba de hidrógeno sobre Cuba. Por fortuna logró que el líder soviético Khrushchev se aviniera a levantar los misiles en Cuba a cambio de la promesa gringa de no invadirla jamás, y de quitar las ojivas nucleares norteamericanas en Turquía.La frustrada invasión alentada por EE.UU. en Bahía Cochinos, que fue un desastre pues solo sirvió para crecer el prestigio de Castro, hizo que este cayera cual amante despechada en brazos del oso ruso, que vio el suertazo de tener un aliado a 90 millas de Florida. Y, desde luego, se convirtió en protector y mecenas pues le soltaba a Castro un millón de dólares diarios en petróleo, maquinaria agrícola, alimentos, medicinas y todo lo que el barbudo pidiera. Yo vi desembarcar toneladas de leche en polvo de un vapor soviético en el muelle de La Habana.Los gringos apretaron el embargo, verdadero crimen de lesa humanidad contra el pueblo cubano, y a pesar de la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética, la medida punitiva siguió como si ese pequeño país antillano pudiera ser enemigo peligroso. Llegó el “período especial” y Cuba se vio a gatas para sobrevivir. Por fortuna para ella, llegó Chávez al Palacio de Miraflores y le envió petróleo gratis y ayuda económica cuando Venezuela flotaba en petrodólares.El presidente Obama se dio cuenta del error y lo enmendó reiniciando relaciones diplomáticas. El magnífico discurso de John Kerry, su secretario de Estado, pronunciado en español al izar la bandera de las barras y estrellas en la reabierta embajada norteamericana en La Habana, marca el término de esa tremenda equivocación y el comienzo de una nueva era para ambas naciones.Falta levantar el embargo en el que insiste la cavernaria derecha republicana del Capitolio en Washington, pero el mundo entero -el Papa incluido- clama por la derogatoria de la ley que lo impuso. Cuba renacerá y será destino turístico gigantesco y su economía nuevamente pujante. Ojalá.

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