El incendio de abril

El incendio de abril

Febrero 07, 2013 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Creo que he leído todo lo que se ha publicado sobre el 9 de Abril, pues para mí esa fue una tragedia nacional, peor que la que sufrió Estados Unidos con el ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, con la ventaja para los gringos que ese atentado terrorista sirvió para unir el país alrededor de sus instituciones.En cambio, aquel viernes atroz del 9 de Abril partió a Colombia en dos fracciones irreconciliables, y abrió unas troneras de odios y resentimientos que con todo y el esfuerzo que hizo el Frente Nacional la sociedad quedó fracturada, y de allí surgen las secuelas de la violencia que ha ensangrentado el país por más de 60 años.Es increíble que un colombiano de bajo nivel social haya causado con su vil asesinato una reacción popular que por poco acaba con la capital de la República, cuando una enceguecida multitud sin dirección política pues los dirigentes liberales –todos enfrentados a Gaitán en ese momento– no tenían autoridad para encauzar los ánimos desbordados, que al no tener conducción de ningún género, se dedicó al saqueo de almacenes y a incendiar lo que hallaba en su frenético paso. Ahí no hubo revolución para tomar el poder, sino una revuelta de hombres y mujeres de la gleba, ebrios de rencor y de alcohol.La primera vez que vi a Jorge Eliécer Gaitán, siendo yo un muchacho de 11 años, fue cuando desde el balcón del Palacio Municipal de Tuluá se dirigió a la muchedumbre congregada en el Parque Boyacá, y aún conservo en la memoria la imagen morena del caudillo con sus estudiados movimientos corporales y sus cambios en los registros de su voz, acusando a la “oligarquía” criolla de las desgracias del pueblo colombiano. En ese momento se desarrollaba la campaña presidencial de 1946 y yo quedé entusiasmado con Gaitán y hasta foto suya pegué en uno de los cuadernos escolares.Curiosamente, toda la familia Restrepo era seguidora del émulo de Gaitán, el otro candidato liberal Gabriel Turbay, ambos responsables de la derrota del Partido y del triunfo conservador en esos comicios, en los que ganó Mariano Ospina Pérez, por jugada maestra de Laureano Gómez quien pensó que, con la bonhomía de Ospina, los liberales no se unirían, facilitando la victoria del ingeniero antioqueño y que él – Gómez – llegaría a la Presidencia en 1950.Pero no tuvieron en cuenta que Gaitán iba a quedarse con todo el Partido Liberal, a la muerte de Turbay, ocurrida en París poco después del desastre, como en efecto sucedió en las elecciones de concejales de 1947, cuando Eduardo Santos, en ese momento jefe único, le entregó al líder las llaves de la sede de la Dirección Liberal, como aceptación plena de su jefatura.El fervor popular fue creciendo y se volvió una marea incontenible, que desembocó en el asesinato de Gaitán a manos de un orate – Juan Roa Sierra – que actuó en solitario pero movido por el ambiente tenso creado por los que hicieron creer que Gaitán se llevaría de calle a los detentadores del poder político y económico del país.Si alguien quiere saber lo que pasó realmente el 9 de Abril, debe leer dos libros excelentes, escritos ambos por Miguel Torres. Uno de ellos es El crimen del siglo, que se centra en el estudio de la personalidad del asesino, y el otro, de reciente aparición, tiene el mismo título de esta columna. En él, Torres reúne los testimonios de las personas que de una u otra forma fueron actores de lo que sucedió en Bogotá ese día.

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