El Espectador

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Abril 05, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

De muchacho, el periódico nacional que llegaba a Tuluá era El Tiempo, que como era el vocero del Partido Liberal, en mi casa había suscripción, y de cierta manera las primeras letras que pude juntar fueron las impresas en el diario del doctor Eduardo Santos, quien ya había llegado, gracias al prestigio alcanzado como director, a la Presidencia de la República.El Tiempo era una especie de oráculo del partido político de mis mayores -que después sería el mío-, y era tal su influencia que el país vivía pendiente de la orientación política que trazaban sus editoriales y lo que opinaban sus columnistas, entre los que descollaban Calibán, hermano del dueño y abuelo de Juan Manuel Santos, y Baldomero Sanín Cano. Además, todos los intelectuales de la izquierda española perseguidos por Franco recalaron en El Tiempo bajo la protección política y económica del doctor Santos.Con El Espectador tuve contacto cuando llegué a Bogotá a estudiar el bachillerato, y lo compraba el domingo pues ese día tenía una edición especial, con una página deportiva espectacular. En semana circulaba por las tardes. Ya en la universidad lo adquiría al salir de clase y desde entonces me produjo admiración inmensa por las batallas que daba la familia Cano, propietaria del vespertino, contra la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, quien le impuso una multa confiscatoria.Con el correr de los años, y luego de soportar el asedio de la derecha sectaria que lo censuró, incendió y clausuró, El Tiempo, muerto el doctor Eduardo Santos, fue perdiendo su esencia liberal hasta llegar a lo que es hoy: un gran periódico sin color ni sabor. Ojalá el nuevo propietario, Luis Carlos Sarmiento Angulo, vuelva por los fueros del diario que llegó a ser la antorcha que guiaba a los colombianos, y no se convierta, como temen muchos, en un defensor de los negocios del hombre más rico del país.El Espectador también sufrió persecuciones sin cuenta, al punto de que la mafia del narcotráfico asesinó a su director, el inolvidable Guillermo Cano Isaza, a quien no pudieron callar sino silenciándolo para siempre. Después vino la bomba explosiva que arrasó con las instalaciones del periódico.Hoy El Espectador pertenece al grupo Santo Domingo que lo sostiene a pesar de las pérdidas que arroja anualmente, pero que poco a poco, ahora diario, va llegando al punto de equilibrio, que le permitirá sobrevivir para contento de sus lectores y admiradores.Sin que pueda considerarse vocero del Partido Liberal, sí es un auténtico intérprete de las ideas liberales, como filosofía universal. El Espectador tiene una nómina de colaboradores de primera calidad que le permite publicar análisis de los problemas nacionales y crónicas de alto contenido. La edición dominical es excelente y puede leerse de la primera a la última página pues en ella no hay ladrillos, ni se rinde pleitesía a nadie.Su actual director, Fidel Cano, bisnieto del fundador don Fidel Cano Gutiérrez, se ha echado sobre sus hombros una tradición histórica y a fe mía que ha salido airoso del compromiso. Felicitaciones al periódico que el 22 de marzo cumplió 125 años luchando por la libertad y sentando cátedra de lo que debe ser el periodismo independiente, que no se doblega en las circunstancias adversas como las que ha atravesado el periódico más antiguo de Colombia.

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