El ejemplo de Arias

El ejemplo de Arias

Agosto 18, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Me cogió fuera del país la noticia del encarcelamiento del ex ministro de Agricultura Andrés Felipe Arias, y con sinceridad declaro que me produjo más consideración que alegría pues siempre vi en ese ciudadano a un paisita presumido que ya se imaginaba sucesor del presidente Uribe, de quien era el plan B en caso de que su reelección se hundiese, como a la postre sucedió.Con ese interés bastardo de ser jefe de Estado a como fuera y haciendo lo que se necesitase, así se llevaran de calle instituciones, leyes e, incluso, la Constitución, Andrés Felipe Arias se convirtió en el perro faldero del amo. Había que verlo, micrófono en mano, despotricando de los opositores de ese régimen corrupto. Había que verlo lamiéndole los pies al jefe. Había que verlo en el Congreso como un emperador hablando bellezas de su gestión como reformador del campo nacional.Y luego, ya salido del Ministerio, había que verlo de aspirante a la candidatura de su partido, que de haber salido triunfante allí lo tendríamos de presidente porque en ese evento Juan Manuel Santos no habría sido candidato pues de todos es sabido que el discípulo amado de Uribe era su paisano, quien de tanto parecérsele se ganó el sobrenombre de Uribito porque son como dos gotas de agua.A la doctora Noemí Sanín, quien se le atravesó en la competencia por la candidatura goda, le debe el país que no tuviésemos ahora un presidente investigado por la Fiscalía pues los delitos que se le imputan fueron cometidos antes de la elección presidencial de 2010. Y eso que bien pensadas las cosas no hubiera habido cárcel porque todavía estaríamos esperando la definición de la terna para Fiscal y no tendríamos la resolución de acusación contra Arias, quien estaría feliz en la Casa de Nariño riéndose de sus compatriotas y repartiendo subsidios a sus parceros de Santa Marta y de todo el país, Valle del Cauca incluido. Porque aquí también llegó el AIS a manos llenas.Dije atrás que no me alegra el apresamiento de Arias, ni la condena que vendrá seguramente una vez concluya el juicio. Y voy a rogar que esa condena no sea larga. Me contentaría que fuera de sólo un mes, pero completo, 30 días, sin rebajas, ni casa por cárcel. Porque con esa pena de sólo un mes se estaría condenando un sistema de gobierno que implantó Uribe, del que Arias fue apenas una tuerca del engranaje que accionaba toda la maquinaria del Estado. Nada en Colombia se movía sin la anuencia del presidente antioqueño, y por eso se rodeó no de ministros ni de jefes de departamentos administrativos sino de unos segundones que pusieron sus conciencias al servicio de un régimen que llevó la corrupción a sus más altas proporciones, parafraseando lo dicho en su momento por Turbay Ayala.Es así pues que la sanción que se imponga a Arias, de un mes como pido yo o de varios años como pide la señora Fiscal, será una pena para el gobierno de Álvaro Uribe por haber creído que los linderos de su finca cordobesa alcanzaban los extremos del mapa de Colombia, que la Constitución que él juró respetar al posesionarse dos veces se convirtió en reina de burlas, y que las leyes que nos hemos dado los colombianos y las reglas morales son simples embelecos que no hay por qué respetar cuando se persiguen perversos propósitos.Ojalá el ejemplo de Arias enseñe a quienes intervienen en la política que por los senderos torcidos no se llega a ningún Pereira.

VER COMENTARIOS
Columnistas